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El fin del secuestro de Hermelinda

Dimitra, junto con una de sus primas, algo compungida por la desaparición momentánea de su muñeca HermelindaHola a todos, queridas y queridos amigos. Un sábado más me dispongo a relataros las últimas novedades de este mundo vampirín que me hace partícipe de sus peripecias. Como recordaréis, la semana pasada os conté cómo la ilustre Ludmila había secuestrado a Hermelinda, la muñeca de su enemiga acérrima, Dimitra von Titu, por una cuestión de “desavenencias” entre ambas. A lo largo de esta semana, la propia Ludmila ha estado explayándose en su Twitter (@Lilvampir) con las novedades que se han ido sucediendo, pero es hoy cuando voy a contaros, yo misma, el resumen de los acontecimientos, ajustándome a la más estricta realidad de lo sucedido.

Cuando Ludmila von Vampüren llegó el lunes a su castillo tras haber pasado un divertido fin de semana con sus amiguitos, se encontró en su habitación a la odiosa Hermenilda custodiada por sus queridas muñecas. Tal y como ella les había indicado, estaba atada y amordazada (pero sin dañarla demasiado ¿eh?) y tenía aspecto de sufrir enormemente. Ludmila era feliz. ¡Por fin iba a poder vengarse de Dimitra von Titu y sus horribles palabras! Así que durante toda esta semana se ha hecho cargo del “cuidado” de Hermelinda: le ha suministrado todos los días alimentos a base de agua y pan, ocupándose, al mismo tiempo, de que sus propias muñecas, Edwina, Georgina, Paulina y Catriona, coman delante de ella, para que Hermelinda lo vea bien, las más ricas viandas muñequiles: galletas de arándanos, mermelada de fresa, miel del bosque, leche de murciélaga enriquecida con cacao… El aroma de estos confites llegaba a la pequeña nariz de Hermelinda, que emitía enormes pucheros y lagrimones por no poder participar de los banquetes.

Pero, además, era necesario que Dimitra supiera algo de su propia muñeca para poder pedirle el conveniente rescate. Ludmila pensaba que, como Dimitra es un poco “de piel dura” no iba a sentir mucho la falta de su muñeca. Sin embargo, y aunque no es lo mismo que si le hubiera sucedido a Ludmila, sí que se ha preocupado bastante en cuanto ha podido apreciar la desaparición de Hermelinda. Tanto que incluso ha faltado al “cole”,  para buscar en todas las mazmorras de su castillo, por si se había escondido por allí. Pero nada. Dimitra no sabía qué pensar.

A eso de media semana, cuando Dimitra estaba a punto de escribir al Antiguo para que iniciase una investigación, (la muñeca era, claro, un regalo de un equivalente vampiril a nuestras Navidades) un cuervo negro se acerca a la ventana de la habitación de Dimitra y deposita en ella una carta en un sobre negro cerrado. Dimitra se acerca muerta de curiosidad, abre el sobre y se encuentra un correo escrito con letras de periódico pegadas formando un mensaje. El mensaje decía algo así:

“Tengo a tu muñeca Hermelinda. No está muerta, pero sufre muchisísísísímo. Si quieres volver a verla salva y sana, tendrás que retirar las horribles palabras que le dices a la ilustre vampirina Ludmila von Vampüren, y prometer que nunca más le mentirás diciéndole que pronto es Navidad. Auf wiedersehen”.

Dimitra, la verdad, se quedó bastante apesadumbrada y se preguntó de quién podía ser el mensaje. Parecía muy evidente que era de la propia Ludmila, pero era tan evidente -pensó- que no podía ser verdad. Será de algún buen amigo o familiar de la propia Ludmila que no quiere verle sufrir -aseguró para sí misma-. “¡Qué horror!, pobre Hermelinda”, lagrimeó.

Así que, rauda y veloz, entregó un sobre cerrado al mismo cuervo para que llevase “a donde sea” su firme compromiso de no volver a cometer tales faltas, pero, por favor, que volviese Hermelinda a su habitación.

Ludmila, no obstante, la hizo padecer un poco más y hasta este mismo sábado -o sea, hoy- a la mañana, no ha devuelto a Hermelinda a su dueña. Pero eso sí, de hoy no ha pasado. Ludmila, fiel a su palabra, ha encargado por la telebola a sus muñecas que metan en una bolsa de tela negra a Hermelinda y a sus dos cuervos favoritos que la lleven en volandas a su dueña. Hermelinda no hacía más que tiritar de miedito, pero por fin se ha visto liberada de tan horripilante secuestro. Aunque ha tenido que jurar y perjurar que no iba a contar dónde había estado, bajo amenaza de volver a ser secuestrada y no volver a su casa nunca más.

Ludmila está muy feliz, un día más, en la residencia de los De la Sang en Hendaya, y sus papás están en su castillo en Transilvania. Precisamente hoy, en la edición del mediodía del “Vampinews”, el padre de Ludmila, el Sr. von Vampüren, ha podido leer una noticia:

“Liberada de un horrible secuestro la muñeca de Dimitra von Titu” -las noticias corren como la pólvora en el mundo vampiril-. El papá de Ludmila ha alzado una ceja al leer esto y ha sospechado inmediatamente de su querida hija, ya que conoce la enemistad que “le une” a Dimitra von Titu. Así que ha levantado la vista del periódico y ha llamado a su esposa:

“Sra. von Vampüren” -ha dicho regiamente- “La Srta. Ludmila von Vampüren regresa el lunes de su retiro de fin de semana, verdad?”. “Sí, querido”, le ha respondido su esposa. “Bien, me parece que tenemos que mantener una conversación con ella”.

Ludmila, ajena a esa “conversación” que le espera el lunes en su castillo con sus papás, que, sin duda, será de lo más instructiva (aunque no muy dura, pues el Sr. Von Vampüren aprecia realmente a su querida hija Ludmila), se divierte en la cabaña de madera con sus amigos, haciendo planes para las vacaciones de verano. ¿Vendrá la tita Carmila? ¿A dónde irán este verano de viaje?, se gritan unos a otros correteando por el jardín.

¡Hasta la próxima, amigas y amigos! ¡Hasta el próximo fin de semana!

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Las muñecas de Ludmila (2): Edwina

Hola queridos amigos y amigas. Un fin de semana más aquí estoy contando las aventuras de Ludmila y su pequeño grupo vampirín. A estas horas en las que estoy escribiendo, les he dejado tomando su cena y aprovecho que Ludmila deja de espiarme y controlarme con su telebola, para seguir contándoos más cosas de su universo, en concreto seguimos con el capítulo de sus muñecas. Hoy toca hablaros de Edwina.

Edwina… ¡ay, Edwina! Edwina es una de las primeras muñecas que le trajo el Antiguo. Aquella feliz temporada del Solsticio invernal vampiril, hace dos años más o menos, el Antiguo -ya os expliqué quién era la semana pasada- dejó una gran caja cerrada con un lazo de color morado muy vistoso debajo del árbol adornado en el salón del castillo de Ludmila. Ella se levantó muy excitada, como hacen los niños humanos en la misma mañana en la que reciben sus regalos de Papá Noel, y miró qué cosas fantásticas le había traído el Antiguo. Se dirigió apresurada hacia la caja y la abrió. Allí estaba Edwina, con sus bellos tirabuzones rubios y unos grandes ojos azules, y en cuanto se dio cuenta de que Ludmila la miraba dijo: “¡Hola Ludmila von Vampüren! ¡Me manda el Antiguo para ti!”. “¡Jo!, ¡Jo!” Dijo Ludmila, “¡qué bonita! ¡Es tal como la había pedido!”… Y así comenzó una relación que hasta el día de hoy ha sido más que estupenda.

Quizás no está bien decirlo, pero Edwina es su muñeca favorita. Siempre hace todo bien, no le da ningún problema a Ludmila y asiente a todo lo que ella le manda…cosas que… todo hay que decirlo… a Ludmila le encantan (porque un poco marimandona sí que es).

Cuando Edwina llegó al castillo de Ludmila no traía más ropita que la que tenía puesta. Pero con el paso del tiempo, el Antiguo, o los papás de Ludmila, o el yayo Teobaldo, le han ido regalando ropa, hasta el punto de que ahora tiene todo un armario (de muñeca) lleno de preciosos vestidos con puntillas, con volantes, de vistosos colores y a juego con un montón de lazos de raso y terciopelo. Porque Edwina, al igual que Ludmila es muuuuyyy presumida.

Un día que estuvieron en el castillo del yayo Teobaldo todo el grupo de amigos haciendo poemas (una idea del yayo para apaciguar a esta pequeña “troupe” vampirina), fue Edwina la muñeca que eligió Ludmila para que les acompañase. Aquel fin de semana, repleto de pasteles y Poesía, todos acabaron haciendo versos. Bien, pues Edwina es tan aplicada, que ella también escribió su primer poema. Decía así:

“El gato loco

se come un coco”.

 

¿Se puede pedir algo más a una muñeca? Yo creo que no, la verdad. Os dejo por hoy hasta la semana que viene. Ludmila ya ha terminado de cenar (buñuelos de crema y nata con Vampicao) y requiere, otra vez, toooooda mi atención ¡¡Uff!!

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La merienda

  ¡Hola a todos y a todas! Hoy voy a dejar que sea la propia Ludmila la que os cuente lo que está haciendo (o lo que parece importante contaros). Sin más, cedo la palabra a la sin par Ludmila von Vampüren:

¡¡¡¡Hola!!!! Este fin de semana hace también frío en el País Vasco Francés, por eso me he traído un abrigo de invierno y muchas chaquetas, para no pasar frío. A nosotros no nos han dejado salir del palacio de Devorgila, y allí hemos merendado y jugado con las muñecas. Este fin de semana he traído a Georgina conmigo, y se he empeñado en hacerme los deberes que nos ha mandado Herr von Bastus, que son super-pesados. Pero ¡Ah! ¡Que todavía no os he hablado del profesor von Bastus. Pues si… Herr von Bastus es un profe del cole vampirín de Paso Borgo. Es el profesor que nos imparte la asignatura de Alquimia. Es un vampiro antiguo, que nació en la época de la Alquimia…o eso, hace mucho tiempo. Pero bueno, os dejo, que tengo que darle la merienda a Georgina. ¡Hasta pronto!

¡Ah! os pongo aquí un daguerrotipo humano de la merienda de hoy para que veáis lo que estamos merendando Georgina, Devorgila, Iñakitim George y yo: es brioche con pepitas de chocolate, bañado en leche fresca de “murciégala” y mermelada de fresa. ¡Mmmmmm!