Ethelvina y Guillermina, el arpa y el laúd, dos de las muñecas de Devorgila

Buenas noches amigos, amigas y seguidores en general. Desde aquí, deseo que os hayáis acomodado ya a vuestro trabajo habitual, después de que ha pasado un cierto tiempo desde las taaaaan deseadas vacaciones de Verano. Aprovechad hoy, que es Sábado, y muchos de vosotros estaréis descansando después de una agitada semana laboral.

Hoy hace un excelente día en el País Vasco y también en Hendaya, donde se encuentran, como cada fin de semana, nuestros adorados vampirines. Un excelente día para que se dediquen a jugar en el jardín del Castillo de Abaddie, convenientemente protegidos de los dañinos rayos de sol para sus pieles vampirinas. Un excelente día, como os digo, para que correteen, tomen el té con los gatos de Devorgila, jueguen al aro, y, en el caso del “ilustre” poeta George du Sangrouge, escriba un bello poema al rayo verde del atardecer, allá en el horizonte marino. Un gran día también para que las muñecas de Ludmila, aquellas que se han quedado en su castillo en las montañas de Transilvania y no han sido recompensadas con pasar el fin de semana junto a su “mamá” Ludmila, aprovechen para reposar en sus cojines exóticos del Tíbet y se dediquen a incordiar un poco a los gnomos del bosque.

Es también un gran día para que las muñecas de Devorgila tomen el té junto con el resto de los vampirines, descansen de su ajetreado trabajo diario, se vistan con sus vestidos de fin de semana y se socializen un poco con Georgina, que es la muñeca que Lud ha decidido que le acompañe este fin de semana. Pero… ¡Ay! ¡Eso sí que no! Aquí quería yo llegar para poder explicaros un poco mejor cómo son las muñecas de Devorgila. Sé que ya os he hablado de ellas en otra ocasión, pero creo que ahora es un buen momento para dároslas a conocer un poco más. De modo que: hace buen tiempo, es fin de semana, los niños se encuentran reunidos en el Castillo de Devorgila disfrutando, etc…, etc… y esto no significa que las muñecas de Devo hagan lo que nosotros esperaríamos que hiciesen. ¿Y qué hacen?

Veréis, las muñecas de Devorgila son… pues eso, las muñecas de Devorgila, es decir, muñecas para una niña que ya desde pequeña viene con un temperamento claramente intelectual. El Antiguo, que como sabéis es algo así como el Papá Noel de los vampirines, y sabe muy bien lo que se hace, le regaló a Devorgila unas muñecas adecuadas para ella. Le ayudan en sus deberes, leen y leen y leen, y son unas magníficas secretarias de los trabajos de Astronomía y Astrología que tanto le gustan a Devo. A Devorgila también se las trajeron en Navidad, claro, o más bien en el Solsticio de Invierno, y se las envió el Antiguo, como os digo. Hoy voy a hablaros de la llegada de sus dos primeras muñecas, Ethelvina y Guillermina. La tercera, Josefina (aunque prefiere que le llamen Jósephine, así, con acento en la “ó”), llegó algún solsticio más adelante y os lo narraré en otra ocasión Así pues, Devo, ¡cómo no!, esperaba su regalo como todos los niños vampirines, pero no tenía claro qué podía ser. Había pedido libros de la Edad Media, tratados de Alquimia también medievales, y en último lugar alguna muñeca, y no sabía qué le llegaría de todo eso. Así que aquellas Navidades (perdón, solsticio) de aquel año, Devo estaba en su biblioteca del Castillo de Abaddie intentando descifrar un códice antiguo, cuando… oyó que en la repisa de su ventana sonaba la melodía de un arpa… como un arpa griega según le pareció. Abrió las contraventanas y no pudo ver nada, de modo que siguió enfrascada en su códice. Al cabo de un momento volvió a oír la misma dulce melodía, de modo que volvió a abrir la ventana y preguntó: “¿Hay alguien ahí?”. Dos dulces vocecillas le respondieron de algún lugar: “Somos las musas griegas y nos envían para acompañarte”. Devorgila no salía de su asombro. Un poco después,  pudo ver cómo en su jardín se iban acercando sus dos muñecas, vestiditas con abrigo, manguitos y bufanda, pero eso sí, con unas gafas enormes y tocando un arpa y un laúd, y rápidamente volaron hasta su ventana. Una vez arriba le dijeron al unísono: “¿Nos dejas entrar?” Devorgila se puso muy contenta y abrió la ventana de par en par para que pasasen. Dentro se estaba muy bien, con una chimenea encendida y mullidos cojines desparramados por el suelo de madera. Rápidamente Devorgila les instó a que le contasen de dónde venían y qué noticias podían traerle del exterior. No les invitó a tomar nada porque Devo es un poco despistada para esas cosas y se centra más en hablar y todo eso. Poco a poco Ethelvina y Guillermina (que así se llaman las muñecas que acababan de llegar) le demostraron que eran unas muñecas cultas y cultivadas y Devo supo que se iban a llevar todas muy bien, como así ha sido, prestando ambas muñecas una gran ayuda en cada labor intelectual que emprende la amiga favorita de Ludmila.

Así que ahora creo que vais a entender mejor que hoy, día soleado como os he contado al principio de este blog, las muñecas de Devo hayan pasado el día leyendo, que es su afición favorita para pasar el rato. Se han sentado cada una en un cojín de la Biblioteca y han leído tratados de Filosofía griega, que es una de sus temáticas preferidas, mientras merendaban bombones rellenos de mermelada. Que, por cierto,… no creáis… hay que estar un poco encima de ellas para que se los coman, porque es… como que se olvidan hasta de comer.

De esto he querido hablaros hoy, porque Ludmila absorbe tanto la atención que parece que lo demás no existe. Claro que… este blog es de ella, sobre todo, así que eso también hay que entenderlo.

Me despido ya de todos vosotros. Espero que tengáis un excelente fin de semana y un buen Otoño en general. Pronto empezarán a caer las hojas de los árboles y es un hermoso espectáculo que no debéis perderos. ¡Hasta el sábado que viene!

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