Un suave comienzo de otoño

Buenas tardes/noches queridos amigos y amigas de lo extraordinario. Espero que os encontréis todos pasando un plácido fin de semana en compañía de vuestras familias o amigos. Cuando menos tan plácido como el de nuestros queridos vampirines, que continúan con su vuelta a la normalidad, después del ajetreado verano lleno de aventuras que han disfrutado. Este fin de semana ha sido, no obstante, un poco especial para ellos. El  viernes ha sido fiesta en el País Vasco, y aunque en Transilvania no había tal fiesta, las influencias del yayo de Ludmila von Vampüren han conseguido que los cuatro amiguitos vampirines no vayan al colegio. Pero, eso sí, el yayo ha querido que George, Iñaki Vladimir, Devorgila y su queridísima Ludmila pasen el día en su fabuloso castillo. Y es que el yayo Teobaldo ha echado de menos a su nietecita durante el largo verano y tenía muchas ganas de verla de nuevo, de tocar para ella melodías solemnes, llenas de pompa y circunstancia (como la Tocata y Fuga de Johann Sebastian Bach), en el super-órgano que tiene en la gran sala de su castillo y de dejarla disfrutar en el fabuloso desván lleno de objetos imposibles e inimaginables de todas las épocas del mundo mundial.

Así pues, este jueves a la noche los cuatro amigos vampirines llenaron sus bolsas de viaje con sus enseres y partieron al castillo del inefable yayo Teobaldo. Allí, entre mullidos cojines traídos de Oriente, han leído historias de los libros de la fabulosa Biblioteca del caballero von Vampüren, han tomado excelentes postres de chocolate y se han deleitado en el desván, donde Iñakitín y George han encontrado algunas dagas medievales que se han apresurado a pedir de regalo al ilustre Teobaldo, para poder jugar con ellas en las tardes de Invierno.

El sábado y el domingo, sin embargo, han vuelto a su rutina en el castillo de Abbadie. Hoy es un día que ni fu, ni fa… es decir, ni frío, ni calor, ni llueve, ni hace sol… un día para descansar en la casa del árbol y jugar en el jardín con los gatos de Devo, con el aro y con las nuevas dagas extraídas del desván del yayo Teobaldo. Un día también, en el que Ludmila no ha perdido la oportunidad de robar los últimos poemas de George y correr apresuradamente por el jardín diciendo que los ha escrito ella… en fin… el malestar estaba servido. George se ha puesto a perseguir a Ludmila horrorizado porque le robaban sus poemas, a Devorgila le ha dado por reírse, e Iñakitín… pues no sabía qué hacer. No sabía si defender la legitimidad de George o la picardía de Ludmila. Así que ha optado por sentarse en un mullido sofá de la casita del árbol a leer un libro mientras los demás correteaban por el jardín. ¡Ay! ¡Pobre George! ¡Lo que va a tener que luchar en la vida por defender su obra! Menos mal que, en el fondo, se siente tan atormentado por todo esto como para que la situación le inspire nuevos poemas, que si no…

La muñeca que ha acompañado a Ludmila este fin de semana ha sido la rebelde Catriona. Pues sí, Ludmila ha decidido que Catriona debe pasar más tiempo con ella, porque no quiere que se vuelva aún mas marimandona y acabe convertida en la lideresa de las demás muñecas… ¡que para eso ya está Ludmila von Vampüren, qué narices! Así que ha hecho su maletita con sus cosas de muñeca, y se la ha llevado de fin de semana: un cepillito para el pelo, un camisoncito de organza con cofia a juego, un vestidito para cambiarse… ha sido su ajuar de mini-viaje. Catriona está encantada, jugando al té con todos los vampirines y persiguiendo a los gatos para pisarles el rabo, que es una de sus aficiones favoritas.

Pues eso es lo que puedo contaros, queridos seguidores. Pronto será la fiesta de Halloween que, como ya os hemos explicado en alguna ocasión, es una celebración muy importante para el mundo vampírico. Como cada año se preparará una gran celebración en algún enclave importante, por eso, las familias de nuestros vampirines quieren que, hasta que llegue ese gran día, los niños pasen unos días lo más tranquilos posible. Ludmila, por su parte, no hace más que contar las lunas que quedan para Navidad, quiero decir, el Solsticio de Invierno, y se pasa el día preguntándome: “Tita… ¿ya es Navidad?” Es que como le gustan tanto esas fiestas llenas de dulces, comidas familiares y sorpresas, cuenta cada noche que pasa para estar más cerca de ellas. Se pone un poco pesadita, pero en el fondo… ¡es tan mooooooona! Bien, os dejo, por hoy, queridos lectores. ¡Hasta el próximo fin de semana!

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