La calma tras la tempestad

Muy buenas tardes/noches semi-invernales a todos nuestros queridos seguidores y seguidoras. ¡Ya comienza a notarse, cada vez más, que los días son más cortos, las noches más largas, los días más fríos, las noches más frías todavía, los pájaros cantan, las nubes se levantan…! ¡Huy! Me parece que me he salido un poco de lo que quería decir. ¿Pensaréis, quizá, que estoy de buen humor? ¡Pues pensáis bien! ¿Y a qué creéis que puede deberse mi buen humor? Bien, hagamos un poco de memoria. La horrible semana pasada, recordaréis que fue muy triste. Y es que tuve que contaros la horrorosa desgracia que se cernió sobre nuestros vampirines, desaparecidos por culpa de la horrenda Priscilla von Mollen y presos por órdenes expresas de la susodicha. No puedo contaros mucho acerca de todo lo sucedido, que es muy extenso, y, además, la inefable, única e irrepetible Ludmila von Vampüren quiere que se escriba un libro sobre todo ello, por lo que no puedo desvelar el contenido de ese futuro libro, pero sí puedo deciros que ¡han sido felizmente liberados! El equipo liderado por la tita Carmila y el señor Corzeniovsky, con la inestimable colaboración de las muñecas de Ludmila; Catriona, Edwina, Paulina y Georgina, ha logrado que el triste suceso culmine en un bello final en el que todos los vampirines han recobrado su envidiable libertad.

La verdad es que no tengo palabras para agasajar a todos los participantes en su liberación. Y no puedo olvidar, de manera especial, a la tita Carmila. Valiente, eficaz, amorosa y luchadora, aunque la verdad es que ya tiene experiencia en este tipo de aventuras. En efecto, no es la primera vez que tiene que acudir a liberar a sus queridísimos vampirines, a los que quiere como si todos fueran de su propia familia. Bueno, Devorgila de la Sang, es realmente de su propia familia, pero los demás también le resultan casi igual de entrañables. ¡Ah! ¡La tita Carmila! ¡Cuántas batallas ha librado en su larga vida!

El equipo de vampiros y vampirines ha podido continuar su viaje en China tras el horrible suceso, y ahora vuelven al Tíbet para recuperar algunos objetos con los que los tibetanos propiamente dichos habían agasajado a las muñecas de Ludmila. Es que Ludmila von Vampüren no quería perderse aquello de ser la madre, jefa y señora de todas unas “diosecillas”, claro. Aparte de dejar bien claro el hecho por aquellas latitudes. No fueran a creer que ella era menos que sus adoradas muñecas.

Bueno, estimados lectores, hasta aquí puedo contaros por ahora. La semana que viene seguramente hará más frío, los días serán un poco más oscuros, y los vampiros serán muy felices porque se acerca su estación favorita. Así que ¡os esperamos por aquí! ¡Hasta pronto!

 

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