Ludmila y sus grandes enemigas. Hoy: Priscilla von Mollen

Buenas tardes o noches o seminoches a todos y a todas. ¿Estáis quizá de vacaciones o habéis vuelto de ellas? ¿Habéis gozado de unos días de asueto en la playa, bajo alguna palmera y os habéis refrescado en las cálidas aguas de un mar en calma? ¡Ahhhh! ¡Qué plácidos los días del verano y descanso vacacional para los humanos! … Para los humanos… y… ¡para los vampiros y vampirines! Como todos sabéis Ludmila von Vampüren, Devorgila de la Sang, George du Sang Rouge e Iñaki Vladimir están disfrutando de un magnífico viaje Oriental en el que, comenzando en Europa, recorrerán la India -misteriosa y todo eso- para acabar en China. Un viaje que les está resultando muy edificante y enriquecedor, como todos los que hacen en compañía del Sr. Corzeniovsky y la tita Carmila, y en el que además gozan de la presencia de Edwina, la muñeca que Ludmila ha elegido para que les acompañe. Todo sería feliz y maravilloso, y de hecho en parte lo es, si no fuera por una leve amenaza que se cierne sobre el grupo de amigos, en especial, para ser honestos, sobre Ludmila von Vampüren. ¿Y cuál es esa amenaza?, os preguntaréis. Veréis, no lejos de esa zona que ahora están visitando… se encuentra Corea del Norte. Y en Corea del Norte habita una vieja “conocida” del grupo de amiguitos que si bien tiene inquina contra todos ellos, la tiene de un modo muy especial contra Ludmila. Pero no es una “conocida” cualquiera, sino que es una vampira bastante peligrosa. No imagináis lo que es capaz de llegar a hacer para lograr sus siempre perversos objetivos. Para saberlo con exactitud, será preciso que leáis el primer libro de “Las Aventuras de Iñaki Vladimir”, que estará disponible en el mes de noviembre, como os hemos comentado en alguna ocasión. Pero aquí quiero haceros un adelanto… hablaros de ella, por decirlo así, para que comprendáis la clase de horrible tensión que puede suponer tener a esta individua al acecho de nuestros vampirines.

Priscilla von Mollen es una vampiresa de la edad de la tita Carmila y una vieja conocida de ella. Su primer encuentro -o más bien encontronazo- tuvo lugar en el excitante Berlín de entreguerras, justo antes del ascenso de los malditos nazis al poder. Priscilla y la tita Carmila se dedicaron esporádicamente a hacer cine, mientras vivían entre la maravillosa bohemia de la época (”bohemia” entre frascos de perfume caros y todas las comodidades, claro). Fue ahí cuando Priscilla sacó a relucir su estúpido carácter queriendo apoderarse, por todos los medios posibles, de los papeles protagonistas de los films en los que aspiraban a aparecer. Pero no acabó ahí la cosa, sino que fue a peor. Priscilla, poco a poco, fue introduciéndose cada vez más entre las altas jerarquías de los “camisas pardas” hasta convertirse en una musa imprescindible de aquellos energúmenos y una muy bien relacionada dama de esas infames esferas.

La tita Carmila, sin embargo, enemiga declarada de esa patulea, fue enemistándose cada vez más con Priscilla, llegando incluso “a las manos” en un cabaret al que los chicos del paso de la oca habían acudido a amargar la fiesta -según una más de sus repelentes costumbres- acompañados de la odiada Priscilla. La cosa fue “in crescendo” de tal modo que la susodicha acabó con un ojo morado, el taconazo de una de sus botas de caña alta roto y unas cuantas contusiones fruto del ímpetu de la tita Carmila, que, la verdad, nunca aguantó a los nazis y menos aún a sus musas inspiradoras.

A partir de ahí se fue fraguando un odio manifiesto, que hace que la odiosa Priscilla intente fastidiar tanto los planes de la tita Carmila, como las vidas personales de los vampiros, vampiras o vampirines a los que ella, por la razón que sea, quiere y estima. Y así fue como llegó a planear un horrible proyecto en el que nuestra adorada Ludmila von Vampüren sufrió muchisísisisimo… pero, como os digo, eso lo podréis leer en el libro, no quiero avanzaros demasiado.

El grave peligro que tenemos ahora mismo es que Priscilla, como tiene por costumbre desde 1933, acecha… acecha, sí, el modo en que pueda, de nuevo, dañar severamente a la tita Carmila y todo lo que en el universo mundo significa algo importante para ella. Me resulta horrenda la idea de que la odiosa e insidiosa Priscilla von Mollen, usando y abusando del grado de coronela del Ejército de Corea del Norte del que disfruta en la actualidad, planee algo que pudiera perjudicar a Ludmila von Vampüren… o a Iñakitín… o a George… o a Devorgila… ¡¡¡Qué horror!!! Menos mal que Ludmila y todos los vampirines permanecen ajenos a este peligro.

No sé, no sé qué pasará… En fin, ya veremos si ese peligro, una vez más, se hace presente y cómo, una vez más, la tita Carmila, vampiresa de recursos, consigue resolverlo con su contundencia habitual

Bueno, queridos y queridas, os dejo a la sombra de vuestras hamacas disfrutando del Verano. Espero que esta amenaza que se cierne sobre nuestros amigos no os impida seguir disfrutando de vuestro merecido descanso. ¡Hasta el próximo sábado!

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