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La lánguida Pollyanna

 

Buenos días/noches a todos mis queridos lectores y lectoras. Hoy no estaba muy segura sobre qué podía hablaros en este blog dedicado a Ludmila von Vampüren, la vampirina (de 8 años) más importante de tooooooda Transilvania, y sus queridos amiguitos, adláteres, enemigos y enemigas más o menos mortales, etc… Pues sí, como os digo, no estaba muy segura de qué tema de los muchos a que da lugar la dimensión vampírica (especialmente en su franja de edad de 8 años) podía hablaros. Finalmente, he pensado en contaros un poco más del poeta maldito en esencia (aunque sólo tiene 8 años por ahora) George du Sangrouge, más concretamente de sus filias y de sus fobias.

Y, para precisar más aún, os hablaré de una de sus musas, aparte, por supuesto, de la principalísima Ludmila von Vampüren a la que ya conocéis bastante que no es lo mismo que demasiado. Pues bien, cerca de la casa de George du Sangrouge, también en Biarritz, vive una delicada vampirina (también de 8 años, por supuesto) que suscita no pocos suspiros en el alma del romántico George du Sangrouge. La verdad es que le aburre un poco, porque… un poco sosa sí que es, todo hay que decirlo. Sin embargo, a George le viene muy bien, porque Ludmila, a veces, le evoca demasiados tormentos con esos detalles que tiene de “robarle” los poemas, y traerlo de aquí para allá.

Al contrario que la mayoría de vampirines y vampirinas, Pollyanna no es morena sino rubia. Pero rubia, rubia, ¿eh?, sin ambigüedades ni tintes de Camomila ni cosas de esas, y pálida… muy, muy pálida… en eso es como el resto de los vampirines. Suele llevar muchos vestidos de seda en colores pastel y habla muy poco. Más bien, es que cuando habla no se sabe si está hablando, suspirando o llamando a su gato porque habla muuuuuy bajito, como si quisiera hacer creer a todo el mundo que es una deletérea sílfide del bosque (creo que por ahí va la cosa…).

Vive bastante encerrada en sí misma, en su habitación y rodeada de sus muñecas que… para ser honestos… son bastante menos divertidas que las de Ludmila. Le gusta mucho leer a Lord Byron, y ese suele ser el tema de conversación principal con George du Sangrouge cuando hablan. Bueno, en realidad, cuando habla George con ella, porque ella hablar, lo que se dice hablar, habla bastante poco. Pollyanna sobre todo escucha mientras mira al infinito en un gesto de infinita languidez. Muy mona, eso sí. Y claro, toda esa suma de características, consiguen captar la atención de nuestro poeta George, que le dedica laaaaargos poemas. A Ludmila no le hace mucha gracia (más bien no le gusta nada) compartir protagonismo en los poemas de George con esta otra niña (que a Ludmila le parece una pavisosa), porque una cosa es que a Ludmila quien en realidad le guste desde su tierna infancia sea Iñaki Vladimir, y otra que George du Sangrouge no esté prendado únicamente de ella. Vamos, que ni contigo ni sin ti, o algo así. ¡Buf! ¡Qué complicadas son a veces las relaciones emocionales incluso cuando sólo se es una vampirina o vampirín de 8 años!

Pero bueno, volviendo a Pollyanna, y a sus costumbres podría deciros que es una vampirina de hábitos más que tranquilos. En su residencia con vistas al mar pasa los fines de semana en compañía de su mamá, y de las amigas de la mamá que van a tomar el té a su casa. En cuanto llegan a su apabullante mansión, todas alaban lo mona que es la niña, lo apropiadamente que lleva el lazo con el que recoge su larga melena rubia y lo bien que se comporta, mientras ella saluda leve y algo tímidamente y se queda sentada al lado de su mamá, con una de sus muñecas sobre su regazo. En estas reuniones de té apenas habla, y, cuando lo estima conveniente y tras pedir permiso a su mamá (con una pequeña reverencia en la que la imita la muñeca que está con ella en esos momentos), se retira a su hermosa habitación pintada de rosa palo para hacer sus deberes, leer poesía o para peinar su hermosa cabellera rubia. ¡Una sosa, vamos! Pero a George le encanta, y como ve que cuando sea mayor con Ludmila no va a tener mucho que hacer… pues… igual acaba siendo novio de Pollyanna y todo.

En fin, el tiempo lo dirá. Pero para eso tendrá que pasar muuuuuuuucho tiempo (como sabéis, la infancia vampírica dura laaaaargos años, doscientos para ser exacta) y me temo que ni vosotros ni yo lo veremos desde este Mundo al menos (aunque, claro, si algún vampirín, o vampirina, de 8 años os coge cariño, quién sabe. Lo mismo os manda a un propio o propia para que os arree un mordisco, os pase el gen del vampirismo y ya podéis ir pensando qué vais a aportar a la lista de bodas de Ludmila von Vampüren).

¡En fin! Que disfrutéis de lo que os quede de vacaciones, queridos y queridas… ¡Hasta el próximo sábado!

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Ludmila y sus grandes enemigas. Hoy: Priscilla von Mollen

Buenas tardes o noches o seminoches a todos y a todas. ¿Estáis quizá de vacaciones o habéis vuelto de ellas? ¿Habéis gozado de unos días de asueto en la playa, bajo alguna palmera y os habéis refrescado en las cálidas aguas de un mar en calma? ¡Ahhhh! ¡Qué plácidos los días del verano y descanso vacacional para los humanos! … Para los humanos… y… ¡para los vampiros y vampirines! Como todos sabéis Ludmila von Vampüren, Devorgila de la Sang, George du Sang Rouge e Iñaki Vladimir están disfrutando de un magnífico viaje Oriental en el que, comenzando en Europa, recorrerán la India -misteriosa y todo eso- para acabar en China. Un viaje que les está resultando muy edificante y enriquecedor, como todos los que hacen en compañía del Sr. Corzeniovsky y la tita Carmila, y en el que además gozan de la presencia de Edwina, la muñeca que Ludmila ha elegido para que les acompañe. Todo sería feliz y maravilloso, y de hecho en parte lo es, si no fuera por una leve amenaza que se cierne sobre el grupo de amigos, en especial, para ser honestos, sobre Ludmila von Vampüren. ¿Y cuál es esa amenaza?, os preguntaréis. Veréis, no lejos de esa zona que ahora están visitando… se encuentra Corea del Norte. Y en Corea del Norte habita una vieja “conocida” del grupo de amiguitos que si bien tiene inquina contra todos ellos, la tiene de un modo muy especial contra Ludmila. Pero no es una “conocida” cualquiera, sino que es una vampira bastante peligrosa. No imagináis lo que es capaz de llegar a hacer para lograr sus siempre perversos objetivos. Para saberlo con exactitud, será preciso que leáis el primer libro de “Las Aventuras de Iñaki Vladimir”, que estará disponible en el mes de noviembre, como os hemos comentado en alguna ocasión. Pero aquí quiero haceros un adelanto… hablaros de ella, por decirlo así, para que comprendáis la clase de horrible tensión que puede suponer tener a esta individua al acecho de nuestros vampirines.

Priscilla von Mollen es una vampiresa de la edad de la tita Carmila y una vieja conocida de ella. Su primer encuentro -o más bien encontronazo- tuvo lugar en el excitante Berlín de entreguerras, justo antes del ascenso de los malditos nazis al poder. Priscilla y la tita Carmila se dedicaron esporádicamente a hacer cine, mientras vivían entre la maravillosa bohemia de la época (”bohemia” entre frascos de perfume caros y todas las comodidades, claro). Fue ahí cuando Priscilla sacó a relucir su estúpido carácter queriendo apoderarse, por todos los medios posibles, de los papeles protagonistas de los films en los que aspiraban a aparecer. Pero no acabó ahí la cosa, sino que fue a peor. Priscilla, poco a poco, fue introduciéndose cada vez más entre las altas jerarquías de los “camisas pardas” hasta convertirse en una musa imprescindible de aquellos energúmenos y una muy bien relacionada dama de esas infames esferas.

La tita Carmila, sin embargo, enemiga declarada de esa patulea, fue enemistándose cada vez más con Priscilla, llegando incluso “a las manos” en un cabaret al que los chicos del paso de la oca habían acudido a amargar la fiesta -según una más de sus repelentes costumbres- acompañados de la odiada Priscilla. La cosa fue “in crescendo” de tal modo que la susodicha acabó con un ojo morado, el taconazo de una de sus botas de caña alta roto y unas cuantas contusiones fruto del ímpetu de la tita Carmila, que, la verdad, nunca aguantó a los nazis y menos aún a sus musas inspiradoras.

A partir de ahí se fue fraguando un odio manifiesto, que hace que la odiosa Priscilla intente fastidiar tanto los planes de la tita Carmila, como las vidas personales de los vampiros, vampiras o vampirines a los que ella, por la razón que sea, quiere y estima. Y así fue como llegó a planear un horrible proyecto en el que nuestra adorada Ludmila von Vampüren sufrió muchisísisisimo… pero, como os digo, eso lo podréis leer en el libro, no quiero avanzaros demasiado.

El grave peligro que tenemos ahora mismo es que Priscilla, como tiene por costumbre desde 1933, acecha… acecha, sí, el modo en que pueda, de nuevo, dañar severamente a la tita Carmila y todo lo que en el universo mundo significa algo importante para ella. Me resulta horrenda la idea de que la odiosa e insidiosa Priscilla von Mollen, usando y abusando del grado de coronela del Ejército de Corea del Norte del que disfruta en la actualidad, planee algo que pudiera perjudicar a Ludmila von Vampüren… o a Iñakitín… o a George… o a Devorgila… ¡¡¡Qué horror!!! Menos mal que Ludmila y todos los vampirines permanecen ajenos a este peligro.

No sé, no sé qué pasará… En fin, ya veremos si ese peligro, una vez más, se hace presente y cómo, una vez más, la tita Carmila, vampiresa de recursos, consigue resolverlo con su contundencia habitual

Bueno, queridos y queridas, os dejo a la sombra de vuestras hamacas disfrutando del Verano. Espero que esta amenaza que se cierne sobre nuestros amigos no os impida seguir disfrutando de vuestro merecido descanso. ¡Hasta el próximo sábado!

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La ilustrísima vampira Isabelle du Sang Rouge

Buenas noches, queridos vampiros y vampiras. Porque… en algo vampiros ya os estáis convirtiendo semana a semana… ¿noooo? Sí, es cierto, compartir el universo de nuestros vampirines, los más importantes de Transilvania por cierto, nos convierte, cuando menos, en partícipes de su universo… ¡Y también en algo vampiros! ¿Por qué no? Yo os voy a hacer una confesión… vampira, lo que es vampira… no sé si quiero ser, (más bien creo que no) pero parecerme a alguna de las vampiras que aparecen por aquí… no me importaría mucho. Me gusta mucho la tita Carmila, ¡cómo no!, tan intrépida, aventurera, sagaz y mágica con los niños vampirines. Pero eso sí… en cuanto a guapa, guapa, lo que se dice guapa… me gustaría ser como Isabelle, la mamá de George du Sang Rouge.

Isabelle es bella como una azucena, frágil como las patitas de una mariposa y sutil como el más bello poema de…, el más bello poema de…, pues no sé, de vuestro poeta favorito. Yo diría de Baudelaire, por ejemplo. Su pelo es negro brillante, sus ojos de color mar embravecido; delgada, estilizada y elegante cual modelo contemporánea de la revista “Vogue”. Pues si. Ahora bien, en cuanto a sus cualidades como mamá, habría algún aspecto a mejorar, si se me permite decirlo. Os lo aclaro. La ilustre vampira Isabelle ADORA a su hijo George du Sang Rouge. “Adora”, así, con mayúsculas, a su hijito querido.

Al principio, cuando se hizo amigo de Devorgila, de Iñaki Vladimir y de Ludmila, sufría enormemente por tener que pasar veladas separada de George. Ahora todos los fines de semana en que su hijo disfrutaba y disfruta de la compañía y de los juegos de sus amiguitos vampirines en el castillo de Abbadie, le deja pasar unas escasas horas junto a ellos, pero todavía espera ansiosa el momento en que regrese a casa. Suele ir a buscarle ella personalmente, arregladísima, como siempre que sale a la calle, cubierta en invierno con una capa forrada de raso negro con una capucha que deja entrever su rostro blanquecino de labios rojos, montada en una carroza de color negro azabache conducida por un vampiro criado suyo. Puntual como un reloj, en cuanto la noche es cerrada, Isabelle aparece en el castillo de Abbadie y abraza a su hijo amorosamente para que regrese a su hogar, donde le esperan sus criados con un baño caliente aromatizado con sales, agua de rosas y toallas esponjosas de algodón egipcio, para que descanse de los ajetreados juegos que ha protagonizado junto con Iñakitin, la querida Lud y la intelectual Devorgila. Isabelle tiene criados “de sobra”, pero es ella misma quien le da la cena a su hijo, con mucho amor, y se interesa por las actividades realizadas durante el día y por los últimos poemas que ha escrito. Protege con feroz celo la obra de su hijo. Y es que sabe que Ludmila von Vampüren, a veces, firma los poemas de su adorado George como si fueran de ella, por eso le lanza fulminantes miradas cuando se la encuentra, provocando la sorpresa de nuestra vampirina, que no entiende por qué se enfada tanto.

El segundo viaje estival de nuestros vampirines, realizado en el verano de 2015, y en el que participaba George du Sang Rouge, fue particularmente duro para la bella, lánguida y sobreprotectora Isabelle. Salió al coqueto puerto de Biarritz a despedir a su pequeño vástago, y le esperó allí mismo durante laaaaaargos días antes de su llegada, prefiriendo sufrir incomodidades -relativas, todo hay que decirlo, que se instaló allí de verdadero lujo, como buena aristócrata vampira- para poder estar más cerca del momento del encuentro (como si por eso fuera a llegar antes su adorado hijo, ¡ya véis!).

No deseo entrar aquí en las profundidades freudianas de la Psicología, pero… lo que creo realmente es que quizá por eso George du Sang Rouge es tan ultrasensible y especial. Tanto amor materno le deja un poco aturdido y desprotegido ante la dureza de la vida diaria, habitual tanto en el universo humano como en el vampírico, pero… ella es así, y así os lo cuento, yo no la puedo cambiar. Evanescente, maternal, divina, etérea, y bella, muy bella. ¡Hasta la próxima semana, queridos vampiros y vampiras!

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Los días felices de Hermelinda (y otras muñecas)

Fiel a mi cita con vosotros, queridos seguidores y seguidoras de Ludmila von Vampüren y todo su entorno vampírico, aquí estoy un fin de semana más informándoos acerca de las aventuras de nuestros amigos. Os acordaréis de Hermelinda ¿verdad? Sí, ¡Hermelinda!, la muñeca favorita de Dimitra von Titu, que fue secuestrada en una ocasión por la mismísima Ludmila para vengarse de las afrentas y de “los feos” de su empedernida rival. Pues sí, finalmente, como si fuera una película con final feliz, Hermelinda pudo superar aquel “horrorosísisisimo” secuestro donde tuvo que soportar ver comer dulces y golosinas delante de sus narices a las muñecas de Ludmila von Vampüren, mientras ella permanecía cruelmente malnutrida a base de agua y pan. Bueno, y ese fue tan sólo uno de los horribles suplicios que se le infligieron, claro. Pero, como os decía, pudo superar aquella experiencia sin demasiadas secuelas, por lo visto. Eso sí, Dimitra no volvió a mencionar la Navidad en la presencia de nuestra querida Ludmililina, ni se atrevió a decirle a la susodicha que ya había llegado dicha época de Adviento, sin ser verdad. Y así, Hermelinda pudo seguir con su afortunada vida de muñeca vampiril, haciéndole la pelota a Dimitra, jugando con el resto de muñecas, etc., etc. Sí, la verdad es que todas las muñecas de niñas vampiras llevan un estilo de vida parecido.

Y así… así…, las   densas nieblas del invierno, las cumbres nevadas de las montañas y los vientos gélidos de Centroeuropa propios de la época invernal que tanto gustan a los vampiros, dejaron paso a los prados verdes y cielos límpidos del estío, y con ello, la época de vacaciones para todos y también para las muñecas. ¿Y qué hace Hermelinda en verano?, podríais preguntaros. Pues en verano también es muy feliz. A Hermelinda le gusta contemplar las gotas de agua que se quedan colgando en las hojas de los árboles después de haber llovido, le gusta especialmente escuchar croar a las ranas en los charcos del bosque cerca del que viven ella, Dimitra y Griselda (la otra muñeca de Dimitra) y sobre todo, sobre todo, le gusta tirar piedritas pequeñas al río que pasa por su enorme finca (donde Dimitra dice que tiene un tiburón) para poder observar las ondas que hacen.

No obstante, su “ama” Dimitra no se ha conformado con eso y les ha preparado a sus dos queridas muñecas algunas distracciones mientras ella se va de vacaciones. ¡Claro! Sabiendo que Ludmila lo hace con sus propias muñecas, ella ¡no podía ser menos! Así que como actividad veraniega, les ha organizado una serie de reuniones de te con pastas a sus muñecas con otras muñecas vecinas de los bosques de la Selva Negra en la que habita. Estas reuniones se celebrarán todos los sábados a las 6 de la tarde, e irán variando el lugar de encuentro… unas veces en un castillo, otras en otro. ¿Qué esperabais? ¿Algún plan tan fabuloso y emocionante como los fabulosos y emocionantes viajes en globo de fin de semana que prepara Ludmila a sus muñecas? Pues… ¡hombre!, pues no. Es que Ludmila es mucha Ludmila y sólo a ella se le puede ocurrir algo así.

Por cierto, y ya que hablamos de las muñecas de Ludmila… hoy, como todos los sábados, han realizado su viaje en globo de fin de semana. Una vez más han admirado desde las alturas todos los bosques y los prados multicolores y se han vuelto a quedar anonadadas. Sin embargo… ¡buf!, no sabía si contarlo aquí… pero me he decidido a haceros partícipes de lo que ha sucedido. En Transilvania, hoy estaba anunciado que iban a llegar unos vientos fuertes del Noreste, que traerían nubes y lluvia. Parecía que no llegarían hasta la noche, pero se han adelantado. Se han adelantado tanto que… en realidad… han pillado a las muñecas de Ludmila en pleno vuelo en globo. Y… sí, estoy preocupada. Porque las últimas noticias que me han llegado es que el vuelo ha podido sufrir algún tipo de alteración y si eso sucede… podría ser terrible, sobre todo para la pequeña Ludmila, que adora a sus muñecas como si fueran sus propias hijitas. ¿A qué tipo de alteración me refiero? Pues a que, por ejemplo, hayan tenido que variar su ruta a un lugar remoto… ¡Imaginároslo! ¡Sería terrible para Ludmila perder el control sobre sus muñecas! ¿Y si les pasa algo? ¿Y si las secuestra algún enemigo de nuestra vampirina?

Lo cierto, y aquí apelo a vuestra responsabilidad como lectores, es que Ludmila no sabe nada de estos últimos sucesos y me gustaría que todos vosotros fueseis absolutamente discretos y no dijerais nada, para que Ludmila no se entere. Todos los que la conocemos se lo hemos ocultado y ella aún no sabe nada de este asunto. Total… quizá al final no suceda nada y se habría preocupado inútilmente. Así es que es mejor que nadie diga nada hasta que tengamos noticias de cómo ha acabado el vuelo de este sábado de las muñecas de Ludmilina. Aquí me quedo yo esperando a ver qué sucede. ¡Hasta la próxima semana, amigas y amigos!