El fantástico verano que se avecina

Hola a todos, queridas y queridos amigos. Como cada sábado, aquí estamos preparados para contaros una vez más las aventuras de los vampirines (de 8 años)   más importantes de toda Transilvania (empezando por Ludmila von Vampüren, claro). La semana pasada os relatamos cómo había sido el fin de curso y también la fabulosa llegada de la tita Carmila al castillo del yayo Teobaldo. Esta semana cumplo mi promesa y os detallo un poco más en qué consistió exactamente el deseado encuentro con la querida tita Carmila.

Así que nos habíamos quedado en que la tita descubrió su rostro y todos los vampirines se abalanzaron sobre ella al reconocer a su benefactora estival. La querida tita Carmila que, con esa magia especial que ella tiene, los saca de esos tediosos días de verano en los que a los niños de 8 años (también a los vampirines como Lud, Devo, Iñakitin, George… no os creáis) se les cae la casa encima y andan escondiéndose para que adultos menos comprensivos que la tita Carmila no les carguen con algún deber todavía más aburrido que esperar a ver si deja de llover.

La tita Carmila, como ya os he contado alguna vez, es la tía ideal que todos queremos tener cuando tenemos 8 años. Es una bella y gentil vampiresa que ya tiene casi dos siglos a sus espaldas pero, como todas ellas, aparenta unos treinta.

La tita Carmila es una De la Sang de pura cepa y, por eso, ama los libros, la investigación, la aventura y tiene más energía que una central hidroeléctrica, a la que, por otra parte, da salida, entre otras cosas, organizando magníficas aventuras para su sobrina Devorgila y sus inseparables Iñakitin, George y, por supuestísimo, la egregia e incomparable Ludmila von Vampüren.

Sus apariciones estivales suelen ser tan teatrales como la que os describía el sábado pasado o, cuando menos, verdaderamente espectaculares, llegando a bordo de su Stutz Bearcat descapotable que conduce con un arrojo que haría palidecer a cualquier mujer-piloto o “flapper” en general de los “locos años 20” en los que ella tanto triunfó (cómo no) y disfrutó.

En esta ocasión tampoco defraudó: apenas conteniendo una sonrisa maliciosa en su bello rostro, causada por la expectación que había logrado despertar en los cuatro pequeños vampirines que la miraban expectantes y con los ojos muy abiertos, les dijo que este verano… tocaba… ir… a… un viaje… (¡por favor cuánta emoción!, ¡nuestra querida Lud apenas lo podía resistir, tironeándose su vestido de fiesta de tul malva y lazos morados!) … ¡siguiendo la ruta del antiguo Orient Express!

¡OOOOH! Indescriptible, la verdad, la oleada de emoción que despertó la revelación de la tita. Habría que ser, por lo menos, Stephenie Meyer para alcanzar a hacer un esbozo de la escena vivida en la biblioteca del yayo Teobaldo. Los niños comenzaron a pegar botes, a dar saltitos (especialmente Lud), a aplaudir… excepto George du Sangrouge, que directamente se atragantó -debido a la emoción por la aventura que se avecinaba- con un trozo del pastel que había estado comiendo hasta ese momento sin por ello quitar ojo a la tita ni perderse ripio de lo que iba a decirles.

La tita Carmila, complacida y exhibiendo una radiantes sonrisa por el efecto causado, consiguió calmar a la pequeña turba vampiril con varios “¡niños, niños! ¡Calma! ¡¡¡CALMA!!!”.

Una vez restaurado cierto orden, la tita les explicó que, en realidad, el viaje iba a ser algo más que montarse siguiendo las rutas del Orient Express. El viaje sería, muuuuucho más largo. Las paradas previstas serían París, Venecia y Estambul. Las habituales en ese viaje tan cargado de evocaciones, olor a especias, tambores de derviches, espías de la “Gran Guerra”… pero, pero… (aquí la expectación vampirina volvió a alcanzar nuevas alturas)… además… además… una vez en Estambul… ¡estaba previsto ir más allá de lo que llegaba el Orient Express! ¡Iban a seguir, por otros medios, la Gran Ruta hacia China y pasar allí más tiempo conociendo Oriente y sus misterios!

¿Qué más os voy a contar una vez dicho esto? Yo misma, mientras lo escribía, me he quedado anonadada. Anonadadadita del todo. De verdad. Tendremos muchas cosas que contaros, sin duda, a lo largo de todo el Verano.

Por lo demás la tita, de acuerdo a su inefable estilo (¡brrr! ¡a veces a una le gustaría ser la tita Carmila!, de verdad), no vino con las manos vacías. A Devorgila y Ludmila les trajo dos trajes preciosos (el de Ludmila se lo había “sugerido” ella misma) con lazos de terciopelo en los hombros y tela de organdí que adornaba sus puños y cuellos. A George e Iñaki Vladimir les trajo, a petición de Iñaki Vladimir, varios cachivaches militares (escala vampirín) evocadores de esas aventuras como “El hombre que pudo reinar” o “Las cuatro plumas” que tanto les gusta leer a estos dos niños, tan aventureros ellos. Y a todos, eso sí, se acordó de traerles varios libros de las mejores librerías de Portobello Road.

Pues sí, queridos amigos y amigas, el Verano se avecina cargado de emociones y aventuras (¡vosotros diréis después de lo que les acababa de contar la tita Carmila!), como los Veranos anteriores donde se sucedieron fantásticos sucesos comandados por la mismísima tita Carmila y el Sr. Corceniovsky. No os preocupéis, que os tendremos perfectamente informados de todo lo que hace la vampirina de 8 años más importante de toda Transilvania (y los amigos y mentores que tienen la suerte de poder acompañarla en las susodichas aventuras, claro). ¡Hasta la próxima semana a todos y a todas!

 

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