El vestido nuevo de Dánae Danilov y sus consecuencias

Hola a todos y a todas, queridos amigos y amigas. Espero que toda esta semana, desde nuestra última comunicación, os haya resultado grata. Tan grata, al menos, como a la ilustre vampirina Ludmila von Vampüren, cuya máxima ilusión en esta vida como todos sabéis, es ser muuuuyyyy famosa. Y rica, claro, pero eso ya lo es por herencia familiar. Pues bien, como os decía, esta semana ha sido muy grata para Ludmilina, porque ha podido ejecutar uno de sus planes de acción. Como sabéis, uno de sus objetivos a corto plazo es sacar buenas notas… bueno, corrijo, las mejores notas posibles con un esfuerzo… no tan notorio. Y… sí, hoy ha sido el gran día. Por fin su modista han podido culminar el vestido que tenía pensado regalar a su profesora Dánae Danilov. Una bellísima pìeza en tonos rojos y malva, de terciopelo veneciano, que deja ver un amplio escote tanto por la parte frontal como en la espalda, y con el que la bella profesora seguro que podrá acudir a muchos bailes en los que mostrar su distinguido halo de melancolía. Ludmila ha estado dirigiendo toda la operación, es decir el diseño del vestido, en todos los momentos en los que se lo permitía el colegio.

No se puede decir que sea su primer diseño, no, porque ya había hecho alguno para sus muñecas y había aconsejado a su mamá en más de una ocasión… pero sí que es su primer “gran” diseño. Bueno, precisando un poco más… no lo ha hecho completamente sola. La modista ha aconsejado y dirigido la operación en aquellos puntos más débiles o en los que la pequeña Ludmila no tenía mucha idea, pero eso sí, siempre para que pareciera que TODO lo había hecho la pequeña vampirina. Pues sí. Y hoy, ni más ni menos, ha sido el gran día. Desde el castillo de Abadie, Ludmila ha ordenado por la telebola a sus criadas que envuelvan el vestido en una bella caja de color rojo, ceñida con un lazo de raso, y ha mandado al vampiro plegable al mismísimo castillo de la profesora Dánae Danilov.

Éste, convertido en murciélago (“muerciégalo” según Ludmila), ha volado a lo ancho y largo de las montañas transilvanas hasta llegar a la impresionante puerta de la señorita Danilov. Una vez allí, se ha reconvertido a su forma humana y ha llamado a la enorme aldaba con forma de mano ubicada en el centro del portón: “Pooom, pooom”, ha sonado.

En el interior, una criada ha abierto la puerta y, por ser exhaustivos en la descripción de los hechos, se ha quedado un poco cautivada y ojiplática por la palidez del visitante y por su aire de vampiro perdido en la vaguedad de sus pensamientos. El vampiro ha preguntado lánguidamente: “¿La señorita Dánae Danilov?”. “Ahora mismo la llamo”, ha respondido algo sonrojada la criada. Al cabo de unos instantes ha aparecido la mismísima señorita Danilov que ha recibido de manera entusiasta el regalo de su pupila. Ha subido literalmente volando a sus aposentos más íntimos y ha contemplado con deleite el regalo que tenía ante sus ojos. Seguidamente, con toda la delicadeza inherente a sus gestos habituales, se ha sentado en su escritorio de ébano, ha sacado el cuaderno donde apunta las notas de sus alumnos y con una bella letra gótica de la antigua escuela medieval ha escrito: “Ludmila von Vampüren: Sobresaliente”. Hay que decir que la nota de Ludmila ya era un Notable alto, pero bueno: ahora es un Sobresaliente.

Mientras Ludmila dejaba que se desarrollasen estos sucesos tan favorables para ella, ha pasado el día con sus amiguitos en el castillo de su yayo Teobaldo, que quería agasajarla por haber sacado un 10 en Alemán (por sus propios méritos, todo hay que decirlo). Han comido deliciosos pasteles de nata y fresa, han hurgado en su biblioteca y… lo más importante… han podido pasar la tarde en el desván del yayo. Imaginaros un desván de madera donde se guardan todo tipo de objetos desde la Edad Media hasta ahora, fruto de toda una ilustre vida llena de aventuras. Es el paraíso de cualquier niño, incluso vampiro. Todos se han probado ropa y zapatos que les quedan enormes porque son de vampiras y vampiros de más edad, han jugado con las espadas que había por allí, han descubierto algunos incunables medievales… Pero eso… es una historia más larga que algún día os contaré. Hasta la próxima semana, amigos y amigas.

 

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