Las muñecas de Ludmila (y 4): Georgina

Hoy dedicaremos este último capítulo de las muñecas de Ludmila a Georgina. Es, en efecto, la última muñeca de las que os hablo, pero, curiosamente, fue una de las primeras en llegar junto a Ludmila, concretamente en segundo lugar. Nuestra pequeña vampirina nunca olvidará la manera en que la conoció. Al igual que todas sus muñecas, fue un regalo del Antiguo, es decir, de la época del Solsticio de invierno (Navidad para los humanos).

Aquel 25 de Diciembre, Ludmila estaba en su castillo con sus papás. El señor Von Vampüren leía el “Vampinews” y la señora Von Vampüren miraba lánguidamente por la enorme cristalera de la ventana esperando que comenzase pronto a nevar de nuevo para poder contemplar el espectáculo. Era primera hora de la tarde y todos los árboles del bosque estaban cubiertos de nieve y escarcha. De pronto sonó un fuerte “Ding-dong” en la puerta principal. La familia esperó a que abriese la criada (Ludmila diría “la vampira” -como si ellos mismos no lo fuesen-). Al cabo de unos instantes la susodicha apareció en el salón, donde, como cada invierno, ardía un cálido fuego en la chimenea. “Señorita von Vampüren, -dijo solemnemente- alguien pregunta por Vd.” Ludmila se sobresaltó: “¿Por mi? ¿Quién es?” dijo con su dulce vocecita. “Es preciso que lo vea Vd. misma” le respondió.

Ludmila acudió al recibidor llena de inquietud. Cuando pudo ver quién preguntaba por ella no podía ni creérselo de la emoción. En el umbral de la puerta, se encontraba Georgina, con su tamaño de muñeca, con un abriguito de pelo de camello de color violeta, con un grueso gorro de piel a juego con sus botitas y una maletita que agarraba con su manita de muñeca. “Hola Ludmila -le dijo- ¿quieres jugar conmigo? Me envía el Antiguo para ti”.

Ludmila comenzó a dar saltitos y se abalanzó sobre esa visita inesperada. Por la puerta, como cada invierno, entraba un frío gélido, así que la cerraron para que no se enfriase el ambiente del interior. Ludmila comenzó a chillar, pese a que siempre le reprenden por hacerlo: “¡Mamá, mamá, es una muñeca para mi!”. La madre, en realidad, por ser 25 de Diciembre, esperaba que en cualquier momento llegase el regalo del Antiguo, pero tampoco ella sabía en qué podía consistir, así que se alegró por su pequeña hija. El padre prosiguió enfrascado en su lectura.

Ludmila cogió a la muñeca de la mano y la llevó a su habitación para que conociese su nuevo hogar y también a la otra muñeca, Paulina, que ya estaba con la pequeña vampirina desde el Invierno anterior. Una de las primeras cosas que hizo Ludmila fue deshacer su pequeña maletita. Así, pudo comprobar que venía con sus rulos, su peine, su colonia y… ¡Si! ¡Esta vez también traía un vestido para cambiarla! Ludmila no cabía en sí de gozo. Le puso unas zapatillas para que estuviese más cómoda y colocó sus pertenencias en su armarito.

Poco a poco el carácter de Georgina fue perfilándose con sus características particulares. A día de hoy, una vez que también se ha ampliado el grupo con Catriona y con Edwina, se puede decir que tiene un carácter… digamos… acomodaticio. Es decir, es de esa clase de muñecas (la verdad es que hay personas que también son así) que espera a ver qué decide el resto del grupo en cada ocasión, para  decidir hacer lo que apoye la mayoría. Al contrario que Catriona, vaya, que siempre le gusta llevar la contraria y es muy rebelde. Georgina, cuando hay que tomar alguna decisión se hace la despistada y mira de reojo hacia otro lado, como que no va con ella. Espera a que las demás decidan, y luego ella dice que sí, que lo mismo. La verdad es que, visto así, no le da ningún problema a Ludmila. Ahora bien, tampoco esperes de ella que te resuelva ningún problema o tome alguna decisión importante porque ella haría como que no oye o algo así y esperaría a que lo resolvieran las demás. Luego, cómo no, ella diría “que sí, que eso”. En fin, como la vida misma.

Pues sí, queridos amigos y amigas, a lo largo de cuatro capítulos os he presentado a las curiosas muñecas de Ludmila von Vampüren. Es extraño sí, yo misma casi no daba crédito cuando supe que unas muñecas pudieran ser tan autónomas y tener tanta vida propia… ¡Casi son semi-humanas! Bueno, puntualizo, en este caso, “semi-humanas, semi-vampiras”. Porque, eso sí, obvia decir que todas tienen sus pequeños colmillitos que utilizan cuando la ocasión lo requiere. Para eso son muñecas-vampiro. Pero, eso sí, muy monas, oye.

Bueno, pues hasta la próxima ocasión, en que os seguiré informando de más cuestiones relativas al fabuloso universo de Ludmila von Vampüren y sus amigos vampirines Iñaki Vladimir, Devorgila de la Sang y George de Sangrouge. ¡Hasta pronto!

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