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El pequeño incidente de los gnomos

Hola amigas y amigos, una vez más aquí estoy, para daros cuenta de los importantes acontecimientos ocurridos en la vida de la vampirina (de 8 años) más importante de Transilvania, según me lo recuerda ella a cada ocasión que tiene.

Bien, ¿y cuáles han sido esas cosas IMPORTANTES? Pues la verdad es que han ocurrido unas cuantas cosas importantes en la vida de Ludmila von Vampüren esta semana.

Quienes seguís esta página, ya sabéis que hubo cierto secuestro de cierta muñeca de cierta niña del Colegio vampirín de Paso Borgo que acabó a entera satisfacción de Ludmila von Vampüren, cerebro, en realidad, de dicha operación junto con sus fieles muñecas Edwina, Paulina, Georgina y Catriona.

El lunes -como ya os contamos en el Twitter de Ludmila, @Lilvampir- el señor Von Vampüren, egregio padre de Ludmila, tuvo con ella ciertas palabras al respecto que dejaron a nuestra vampirina algo compungida pero, en realidad, no fue nada grave, porque a los Von Vampüren, en general, de todas las edades, los Von Titu no les caen muy bien que digamos aunque, por aquello de la cortesía intervampírica, tratan de guardar las apariencias.

A esto podría añadir que Dimitra -la pobre, no puedo evitar que me dé algo de penita- ha estado mucho más compungida que Ludmila a causa del sobresaltado secuestro de su muñeca Hermelinda, de sus consecuencias posteriores y de su juramento de no volver a contar trolas sobre la Navidad y su próxima celebración a Ludmila.

O bien os podría contar que este viernes en el cole han servido de postre tarta de naranja, con ribetes de nata adornados con crema de naranja y bizcocho emborrachado con un poco de jugo de naranja fermentado, postre delicioso para Ludmila y no menos delicioso aún para Iñaki Vladimir, que se ha comido su parte y el 75% del de Ludmila.

Pero no, no es eso lo único importante que ha pasado en el pequeño mundo de Ludmila. Lo más importante de esta semana ha sido que los gnomos del jardín de su castillo (de los que ya sabéis muchas cosas gracias a Twitter) han invadido su intimidad. El miércoles Ludmila llegó a casa del colegio y se encontró en su cuarto a sus muñecas mirando, con mucha política y educación, cómo un gnomo fisgaba en los numerosos juguetes de Ludmila. Fue horrible, horrible, horrible. Según la expresión favorita de Ludmila.

Y lo peor es que se quejó a sus padres, pero estos, hieráticamente, como tienen por costumbre, le dijeron que nada, que era un incidente sin importancia y que había que llevarse bien con los gnomos del jardín, que cumplían una función cuidando del jardín, que eran un poco peculiares, etc… y algo más que sonó a oídos de nuestra querida Ludmilina como “bla, bla, bla y bla…”

Para terminar de arreglarlo, por la noche, Ludmila, ya metida en la cama junto con sus muñecas (todas ellas con idénticos camisones y gorro de dormir de franela color pastel), me avisó por la telebola que una familia de gnomos -padre, madre y dos hijos- habían subido por una escalera de mano hasta el alfeizar de Ludmila y estaban mirando por la ventana lo que hacían Ludmila y sus muñecas como quien va al Zoo.

Yo, como buena biógrafa y niñera ocasional suya, le aconsejé que corriera los cortinones de terciopelo rojo damasco de la ventana de su habitación para ver si los gnomos pillaban la indirecta y ella, la querida Lud, cogía al fin sueño.

Bueno, ya veis que, a veces, ser la vampirina (de 8 años) más importante de Transilvania puede resultar un poco complicado…

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El fin del secuestro de Hermelinda

Dimitra, junto con una de sus primas, algo compungida por la desaparición momentánea de su muñeca HermelindaHola a todos, queridas y queridos amigos. Un sábado más me dispongo a relataros las últimas novedades de este mundo vampirín que me hace partícipe de sus peripecias. Como recordaréis, la semana pasada os conté cómo la ilustre Ludmila había secuestrado a Hermelinda, la muñeca de su enemiga acérrima, Dimitra von Titu, por una cuestión de “desavenencias” entre ambas. A lo largo de esta semana, la propia Ludmila ha estado explayándose en su Twitter (@Lilvampir) con las novedades que se han ido sucediendo, pero es hoy cuando voy a contaros, yo misma, el resumen de los acontecimientos, ajustándome a la más estricta realidad de lo sucedido.

Cuando Ludmila von Vampüren llegó el lunes a su castillo tras haber pasado un divertido fin de semana con sus amiguitos, se encontró en su habitación a la odiosa Hermenilda custodiada por sus queridas muñecas. Tal y como ella les había indicado, estaba atada y amordazada (pero sin dañarla demasiado ¿eh?) y tenía aspecto de sufrir enormemente. Ludmila era feliz. ¡Por fin iba a poder vengarse de Dimitra von Titu y sus horribles palabras! Así que durante toda esta semana se ha hecho cargo del “cuidado” de Hermelinda: le ha suministrado todos los días alimentos a base de agua y pan, ocupándose, al mismo tiempo, de que sus propias muñecas, Edwina, Georgina, Paulina y Catriona, coman delante de ella, para que Hermelinda lo vea bien, las más ricas viandas muñequiles: galletas de arándanos, mermelada de fresa, miel del bosque, leche de murciélaga enriquecida con cacao… El aroma de estos confites llegaba a la pequeña nariz de Hermelinda, que emitía enormes pucheros y lagrimones por no poder participar de los banquetes.

Pero, además, era necesario que Dimitra supiera algo de su propia muñeca para poder pedirle el conveniente rescate. Ludmila pensaba que, como Dimitra es un poco “de piel dura” no iba a sentir mucho la falta de su muñeca. Sin embargo, y aunque no es lo mismo que si le hubiera sucedido a Ludmila, sí que se ha preocupado bastante en cuanto ha podido apreciar la desaparición de Hermelinda. Tanto que incluso ha faltado al “cole”,  para buscar en todas las mazmorras de su castillo, por si se había escondido por allí. Pero nada. Dimitra no sabía qué pensar.

A eso de media semana, cuando Dimitra estaba a punto de escribir al Antiguo para que iniciase una investigación, (la muñeca era, claro, un regalo de un equivalente vampiril a nuestras Navidades) un cuervo negro se acerca a la ventana de la habitación de Dimitra y deposita en ella una carta en un sobre negro cerrado. Dimitra se acerca muerta de curiosidad, abre el sobre y se encuentra un correo escrito con letras de periódico pegadas formando un mensaje. El mensaje decía algo así:

“Tengo a tu muñeca Hermelinda. No está muerta, pero sufre muchisísísísímo. Si quieres volver a verla salva y sana, tendrás que retirar las horribles palabras que le dices a la ilustre vampirina Ludmila von Vampüren, y prometer que nunca más le mentirás diciéndole que pronto es Navidad. Auf wiedersehen”.

Dimitra, la verdad, se quedó bastante apesadumbrada y se preguntó de quién podía ser el mensaje. Parecía muy evidente que era de la propia Ludmila, pero era tan evidente -pensó- que no podía ser verdad. Será de algún buen amigo o familiar de la propia Ludmila que no quiere verle sufrir -aseguró para sí misma-. “¡Qué horror!, pobre Hermelinda”, lagrimeó.

Así que, rauda y veloz, entregó un sobre cerrado al mismo cuervo para que llevase “a donde sea” su firme compromiso de no volver a cometer tales faltas, pero, por favor, que volviese Hermelinda a su habitación.

Ludmila, no obstante, la hizo padecer un poco más y hasta este mismo sábado -o sea, hoy- a la mañana, no ha devuelto a Hermelinda a su dueña. Pero eso sí, de hoy no ha pasado. Ludmila, fiel a su palabra, ha encargado por la telebola a sus muñecas que metan en una bolsa de tela negra a Hermelinda y a sus dos cuervos favoritos que la lleven en volandas a su dueña. Hermelinda no hacía más que tiritar de miedito, pero por fin se ha visto liberada de tan horripilante secuestro. Aunque ha tenido que jurar y perjurar que no iba a contar dónde había estado, bajo amenaza de volver a ser secuestrada y no volver a su casa nunca más.

Ludmila está muy feliz, un día más, en la residencia de los De la Sang en Hendaya, y sus papás están en su castillo en Transilvania. Precisamente hoy, en la edición del mediodía del “Vampinews”, el padre de Ludmila, el Sr. von Vampüren, ha podido leer una noticia:

“Liberada de un horrible secuestro la muñeca de Dimitra von Titu” -las noticias corren como la pólvora en el mundo vampiril-. El papá de Ludmila ha alzado una ceja al leer esto y ha sospechado inmediatamente de su querida hija, ya que conoce la enemistad que “le une” a Dimitra von Titu. Así que ha levantado la vista del periódico y ha llamado a su esposa:

“Sra. von Vampüren” -ha dicho regiamente- “La Srta. Ludmila von Vampüren regresa el lunes de su retiro de fin de semana, verdad?”. “Sí, querido”, le ha respondido su esposa. “Bien, me parece que tenemos que mantener una conversación con ella”.

Ludmila, ajena a esa “conversación” que le espera el lunes en su castillo con sus papás, que, sin duda, será de lo más instructiva (aunque no muy dura, pues el Sr. Von Vampüren aprecia realmente a su querida hija Ludmila), se divierte en la cabaña de madera con sus amigos, haciendo planes para las vacaciones de verano. ¿Vendrá la tita Carmila? ¿A dónde irán este verano de viaje?, se gritan unos a otros correteando por el jardín.

¡Hasta la próxima, amigas y amigos! ¡Hasta el próximo fin de semana!

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El secuestro de Hermelinda

Dia D, hora H. La ilustre vampirina Ludmila von Vampüren, la vampirina (de ocho años) más importante de toda Transilvania, se dispone a ejecutar su plan de acción. El día D, para que nos entendamos, es hoy, y la hora H, han sido aproximadamente las 11.00 de la mañana.

Os pongo en antecedentes. El fin de semana pasado, nuestros queridos vampirines, es decir, Ludmila, Devorgila, Iñaki Vladimir y George, fueron de viaje a Burdeos y a Saint-Émilion. Pasearon, jugaron, se divirtieron, comieron en un fantástico “Château”, cortesía de un amigo del yayo Teobaldo, y se lo pasaron “de lo lindo”. Pues bien, ¿qué creéis que sucedió al llegar al “cole” el lunes siguiente? Ludmila, como podéis imaginar, ardía en deseos de contar a todo el mundo lo bien que lo habían pasado y las fantásticas casas y ropas y tiendas que habían podido ver. Pero, claro, el mundo no es tan bonito como muchas veces queremos que sea, ni gira siempre a nuestro alrededor, y ahí estaba su odiada Dimitra para recordárselo. ¿Y quién es Dimitra os preguntaréis? Pues muy bien preguntado. Dimitra es Dimitra von Titu, De los Von Titu de la Selva Negra. Una importante familia de vampiros pero no de tanto abolengo como la de Ludmila.

Aparte de ese pequeño desnivel sociológico -los Von Titu son algo nuevos ricos, ya me entendéis…-, Dimitra es una vampirina de lo más campechana y, claro, trata a Ludmila sin tener en cuenta la alta imagen que nuestra querida Lud tiene de sí misma. Y, además, tiende a gastarle bromas pesadas y a enmendarle la plana. Eso y tener que compartir la mesa del comedor con ella, por imperativo de la dirección del cole vampirín de Paso Borgo, hacen que Dimitra sea para Ludmila una pesada caaargaaaa…

Así las cosas este lunes, cuando Ludmila llegó dispuesta a contar su gran aventura en Burdeos, volvió a estallar este larvado conflicto. Dimitra empezó por decir a nuestra exultante Ludmila: “Pero… Burdeos no merece la pena si no es Navidad” o cosas como: “Pero, ¿no estaban los mercados de Navidad? ¡Qué horror!” O peor aún, osó decirle: “Buf, yo ahí no iría nunca”. Y es que Dimitra sabe enfurecer muy bien a Ludmila engañándole con el tema de la Navidad, que es un punto muuuuy sensible de nuestra querida vampirina (es su época favorita del año, ni más ni menos, aunque en realidad para ellos es el Solsticio de Invierno, más que la Navidad, pero bueno). Pues bien, la paciencia de Ludmila se agotó. Se agotó hasta el punto de tomar una decisión drástica y planear una venganza terrible contra su gran antagonista. ¿Y qué pensó? Pensó lo siguiente: ordenó a sus devotas muñecas (Edwina, Georgina, Paulina y Catriona. Ya las conocéis) que vigilasen, durante toda la semana, a las muñecas de Dimitra: Hermelinda y Griselda. De modo que las leales Catriona, Edwina, Paulina y Georgina han observado por turnos los movimientos de sus muñequiles rivales, qué hacen durante la mañana, qué ropa llevan puesta… es decir, todo. Así,Ludmila ha podido conocer, que hacia las 11.00 a.m. de la mañana, se dirigen al bosque, propiedad del castillo de Dimitra y su familia, a llevar tartaletas de limón y nueces a los gnomos que, como es costumbre en los bosques de los castillos del mundo vampiro, viven allí. La verdad es que suele ir Hermelinda, que además nos consta que es la preferida de Dimitra. La muñeca en cuestión, pertrechada con una cesta de mimbre, abre la ventana de la habitación de Dimitra, baja volando suavemente hasta el suelo de césped y se dirige al bosque tarareando una dulce melodía. A Ludmila le parece una melodía horrible, pero eso es otra cosa. Deja la ventana abierta y más tarde regresa con la cestita vacía. (Cómo se nota que cuidan el trato con los gnomos y quieren mantener buenas relaciones con ellos). De modo que Ludmila, encerrada en su habitación cual Cruela Deville, ha trabajado toda la semana en este asunto, bien informada gracias a la ingente labor de sus muñecas. Tras meditar consigo misma cuál era el mejor plan de acción, ha decidido que hoy era el día.

El resto de sus amiguitos hoy han podido observar que Ludmila se ha levantado a las 7 de la mañana a.m. (cosa rara para ser un sábado de relax vampirín)., y se han extrañado un poco. Desde el Schloss de Devorgila de la Sang, donde hoy no se ha llevado a ninguna muñeca para que todas puedan participar en su plan desde su propio castillo, no ha dejado de dirigir las acciones de sus muñecas. “¿Y qué ha sucedido?”, os preguntaréis.

A las 11.00 a.m. exactamente, cuando Hermelinda abandonaba puntualmente su habitación volando por la ventana y aterrizaba en el césped, ha podido sentir, aturdida, cómo un enorme saco caía sobre su cabeza y sobre su cuerpo entero y la dejaba aturullada. En efecto, eran las cuatro muñecas de Ludmila que, al unísono, han acudido a secuestrarla. El resto no ha sido difícil. Entre las cuatro la han llevado al Schloss de Ludmila, y la han dejado en su habitación, eso sí, convenientemente atada y amordazada.

Ludmila ha seguido toda la operación desde su telebola y ha aplaudido estrepitosamente desde el castillo de Devorgila, donde todos sus amiguitos han podido observar que, extrañamente, no jugaba con ellos como otras veces. “¡Ya va a ver esa Dimitra!” se decía. “Ya llegará el momento de contárselo a mis amigos”, ha meditado en silencio.

Y así es como hoy, un día de luna creciente, cuidadosamente elegido, que viene muy bien a los planes de Ludmila, ella ha sonreído un poco más en paz porque siente que el mundo es un poco más justo. El resto del día   ha sido de juegos con Devorgila, Iñakitin y George y muchos dulces y un gran día de reposo. ¡El próximo “finde” nos enteraremos de qué sucede con la muñeca de Dimitra! ¡Hasta entonces, amigos y amigas!

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Las muñecas de Ludmila (y 4): Georgina

Hoy dedicaremos este último capítulo de las muñecas de Ludmila a Georgina. Es, en efecto, la última muñeca de las que os hablo, pero, curiosamente, fue una de las primeras en llegar junto a Ludmila, concretamente en segundo lugar. Nuestra pequeña vampirina nunca olvidará la manera en que la conoció. Al igual que todas sus muñecas, fue un regalo del Antiguo, es decir, de la época del Solsticio de invierno (Navidad para los humanos).

Aquel 25 de Diciembre, Ludmila estaba en su castillo con sus papás. El señor Von Vampüren leía el “Vampinews” y la señora Von Vampüren miraba lánguidamente por la enorme cristalera de la ventana esperando que comenzase pronto a nevar de nuevo para poder contemplar el espectáculo. Era primera hora de la tarde y todos los árboles del bosque estaban cubiertos de nieve y escarcha. De pronto sonó un fuerte “Ding-dong” en la puerta principal. La familia esperó a que abriese la criada (Ludmila diría “la vampira” -como si ellos mismos no lo fuesen-). Al cabo de unos instantes la susodicha apareció en el salón, donde, como cada invierno, ardía un cálido fuego en la chimenea. “Señorita von Vampüren, -dijo solemnemente- alguien pregunta por Vd.” Ludmila se sobresaltó: “¿Por mi? ¿Quién es?” dijo con su dulce vocecita. “Es preciso que lo vea Vd. misma” le respondió.

Ludmila acudió al recibidor llena de inquietud. Cuando pudo ver quién preguntaba por ella no podía ni creérselo de la emoción. En el umbral de la puerta, se encontraba Georgina, con su tamaño de muñeca, con un abriguito de pelo de camello de color violeta, con un grueso gorro de piel a juego con sus botitas y una maletita que agarraba con su manita de muñeca. “Hola Ludmila -le dijo- ¿quieres jugar conmigo? Me envía el Antiguo para ti”.

Ludmila comenzó a dar saltitos y se abalanzó sobre esa visita inesperada. Por la puerta, como cada invierno, entraba un frío gélido, así que la cerraron para que no se enfriase el ambiente del interior. Ludmila comenzó a chillar, pese a que siempre le reprenden por hacerlo: “¡Mamá, mamá, es una muñeca para mi!”. La madre, en realidad, por ser 25 de Diciembre, esperaba que en cualquier momento llegase el regalo del Antiguo, pero tampoco ella sabía en qué podía consistir, así que se alegró por su pequeña hija. El padre prosiguió enfrascado en su lectura.

Ludmila cogió a la muñeca de la mano y la llevó a su habitación para que conociese su nuevo hogar y también a la otra muñeca, Paulina, que ya estaba con la pequeña vampirina desde el Invierno anterior. Una de las primeras cosas que hizo Ludmila fue deshacer su pequeña maletita. Así, pudo comprobar que venía con sus rulos, su peine, su colonia y… ¡Si! ¡Esta vez también traía un vestido para cambiarla! Ludmila no cabía en sí de gozo. Le puso unas zapatillas para que estuviese más cómoda y colocó sus pertenencias en su armarito.

Poco a poco el carácter de Georgina fue perfilándose con sus características particulares. A día de hoy, una vez que también se ha ampliado el grupo con Catriona y con Edwina, se puede decir que tiene un carácter… digamos… acomodaticio. Es decir, es de esa clase de muñecas (la verdad es que hay personas que también son así) que espera a ver qué decide el resto del grupo en cada ocasión, para  decidir hacer lo que apoye la mayoría. Al contrario que Catriona, vaya, que siempre le gusta llevar la contraria y es muy rebelde. Georgina, cuando hay que tomar alguna decisión se hace la despistada y mira de reojo hacia otro lado, como que no va con ella. Espera a que las demás decidan, y luego ella dice que sí, que lo mismo. La verdad es que, visto así, no le da ningún problema a Ludmila. Ahora bien, tampoco esperes de ella que te resuelva ningún problema o tome alguna decisión importante porque ella haría como que no oye o algo así y esperaría a que lo resolvieran las demás. Luego, cómo no, ella diría “que sí, que eso”. En fin, como la vida misma.

Pues sí, queridos amigos y amigas, a lo largo de cuatro capítulos os he presentado a las curiosas muñecas de Ludmila von Vampüren. Es extraño sí, yo misma casi no daba crédito cuando supe que unas muñecas pudieran ser tan autónomas y tener tanta vida propia… ¡Casi son semi-humanas! Bueno, puntualizo, en este caso, “semi-humanas, semi-vampiras”. Porque, eso sí, obvia decir que todas tienen sus pequeños colmillitos que utilizan cuando la ocasión lo requiere. Para eso son muñecas-vampiro. Pero, eso sí, muy monas, oye.

Bueno, pues hasta la próxima ocasión, en que os seguiré informando de más cuestiones relativas al fabuloso universo de Ludmila von Vampüren y sus amigos vampirines Iñaki Vladimir, Devorgila de la Sang y George de Sangrouge. ¡Hasta pronto!