Las muñecas de Ludmila (2): Edwina

Hola queridos amigos y amigas. Un fin de semana más aquí estoy contando las aventuras de Ludmila y su pequeño grupo vampirín. A estas horas en las que estoy escribiendo, les he dejado tomando su cena y aprovecho que Ludmila deja de espiarme y controlarme con su telebola, para seguir contándoos más cosas de su universo, en concreto seguimos con el capítulo de sus muñecas. Hoy toca hablaros de Edwina.

Edwina… ¡ay, Edwina! Edwina es una de las primeras muñecas que le trajo el Antiguo. Aquella feliz temporada del Solsticio invernal vampiril, hace dos años más o menos, el Antiguo -ya os expliqué quién era la semana pasada- dejó una gran caja cerrada con un lazo de color morado muy vistoso debajo del árbol adornado en el salón del castillo de Ludmila. Ella se levantó muy excitada, como hacen los niños humanos en la misma mañana en la que reciben sus regalos de Papá Noel, y miró qué cosas fantásticas le había traído el Antiguo. Se dirigió apresurada hacia la caja y la abrió. Allí estaba Edwina, con sus bellos tirabuzones rubios y unos grandes ojos azules, y en cuanto se dio cuenta de que Ludmila la miraba dijo: “¡Hola Ludmila von Vampüren! ¡Me manda el Antiguo para ti!”. “¡Jo!, ¡Jo!” Dijo Ludmila, “¡qué bonita! ¡Es tal como la había pedido!”… Y así comenzó una relación que hasta el día de hoy ha sido más que estupenda.

Quizás no está bien decirlo, pero Edwina es su muñeca favorita. Siempre hace todo bien, no le da ningún problema a Ludmila y asiente a todo lo que ella le manda…cosas que… todo hay que decirlo… a Ludmila le encantan (porque un poco marimandona sí que es).

Cuando Edwina llegó al castillo de Ludmila no traía más ropita que la que tenía puesta. Pero con el paso del tiempo, el Antiguo, o los papás de Ludmila, o el yayo Teobaldo, le han ido regalando ropa, hasta el punto de que ahora tiene todo un armario (de muñeca) lleno de preciosos vestidos con puntillas, con volantes, de vistosos colores y a juego con un montón de lazos de raso y terciopelo. Porque Edwina, al igual que Ludmila es muuuuyyy presumida.

Un día que estuvieron en el castillo del yayo Teobaldo todo el grupo de amigos haciendo poemas (una idea del yayo para apaciguar a esta pequeña “troupe” vampirina), fue Edwina la muñeca que eligió Ludmila para que les acompañase. Aquel fin de semana, repleto de pasteles y Poesía, todos acabaron haciendo versos. Bien, pues Edwina es tan aplicada, que ella también escribió su primer poema. Decía así:

“El gato loco

se come un coco”.

 

¿Se puede pedir algo más a una muñeca? Yo creo que no, la verdad. Os dejo por hoy hasta la semana que viene. Ludmila ya ha terminado de cenar (buñuelos de crema y nata con Vampicao) y requiere, otra vez, toooooda mi atención ¡¡Uff!!

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