0

La gran aventura de Ludmiletta

Hola a todos. Aquí estoy de nuevo, contándoos las novedades de nuestra querida vampirina, Ludmila von Vampüren. Bueno, es que ella es tan “protagonista” que se nos olvidan todos los demás: Iñaki Vladimir, Devorgila y George du Sangrouge. Precisamente, de George du Sangrouge quería hablaros hoy un poco. Si bien es cierto que todos los niños vampirines son un poco “especiales” a ojos humanos -nos distancian muchos aspectos por las diferentes épocas y mundos en los que vivimos unos y otros-, George du Sangrouge es “especial” entre los “especiales”. Su mamá es una vampira muy guapa, de pelo negro, muy negro, piel blanca y lánguida como una novia de Byron.

Su papá es pintor. De familia de rancio abolengo, por supuesto. El papá, puede decirse que es un papá normal, que quiere a su hijo y se ocupa de él, pero bueno, sin más. Pero la mamá… la mamá cuida y se ocupa de su niño hasta la extenuación.

Le protege tanto que le costó mucho dejar que pasara tiempo a solas, lejos de la mansión familiar de los Du Sangrouge -en la mejor zona de Biarritz-, con sus amiguitos, de hecho casi ni le dejaba salir, por temor… a que le pasara algo o que se metieran con él o… ¡buf!, a saber lo que pasaba por la cabeza de esta dama. Pero al final se fue acostumbrando.

Es que como ve que se lo pasa tan bien y está feliz… pues al final ha accedido a darle esta pequeña expansión. Pero eso sí, tiene unos horarios más restringidos y menos libertad que el resto del círculo de Ludmila. La consecuencia de un vampirín tan sobreprotegido ha sido un niño hipersensible y melancólico, cuya mayor ilusión en la vida es hacer poemas. Si, un poeta, como os lo digo. Ya desde tan tierna infancia apunta maneras y toma a Ludmila como musa de sus creaciones. Bueno, tiene alguna otra musa en el colegio, una niña rubia llamada Poliana, pero Ludmila es la principal. Ludmila no le corresponde, más bien… y aunque esto suponga desvelar una intimidad de Ludmila… lo cierto es que al principio Ludmilina le copiaba los poemas y decía que los había escrito ella. Esto exasperaba al pequeño poeta, que veía como nuestra querida vampirina se adjudicaba a si misma lo que no le era propio, pero ese sufrimiento en su pequeño corazoncito romántico le atraía nuevas y atormentadas inspiraciones.

Este fin de semana, lluvioso, gris y oscuro de la costa vasca, (un fantástico día para los vampiros) han estado dentro del Castillo de Abadie, protegidos al calor de la chimenea. Aprovechando esta circunstancia George ha escrito una pequeña obra de teatro para que pudiera ser representada por el pequeño grupo de amigos. ¿El titulo de la obra? “La gran aventura de Ludmiletta”, inspirada en el carnaval de Venecia de nuestro siglo XVIII. La protagonista principal es una niña de ocho años que se parece muuuucho, muuuucho a Ludmila. Os diré que la representación, ante todos los papás vampiros reunidos, ha sido todo un éxito y que Ludmila…, como no, ha estado espléndida.

0

El postre Ludmidevoiñakivladimeresco

Postre Ludmidevoiñakivladimiresco Hola a todos, queridos seguidores. Soy Julia, la biógrafa, y algo más (madre adoptiva, cuidadora…) de Ludmila von Vampüren. Ella os va a explicar ahora, como os prometió esta semana, el  que han tomado, mientras pasaban la tarde en la mansión de Devorgila. Como estamos en Invierno, suelen estar por las tardes jugando en una casa construida en un árbol que tienen en su jardín. Es una casita de madera, acogedora y cálida, decorada con vistosas alfombras y mullidos cojines en la que todos los inviernos arde madera de cedro en su chimenea. Allí juegan, pasan las tardes, Ludmila se lleva a alguna de sus muñecas, y… a eso de las 6 de la tarde… meriendan.

Un criado aparece en la copa del árbol -como sabéis no les cuesta mucho volar hasta allí- y les sube en una bandeja el postre recién hecho en las cocinas del castillo de Abadie.

Bueno, pues os dejo con ella.
“Hola. Soy Ludmila von Vampüren. Este es el daguerrotipo del postre que hemos comido a la tarde. Todos los días en el colegio vampirín de Paso Borgo, tenemos un postre así: con muchas frambuesas, melocotón en almíbar, nata, bizcocho. A mi me gustan mucho las frambuesas… yo creo que es mi fruta favorita, junto con las fresas. La merienda de hoy también nos ha encantado y la hemos acompañado de leche de “murciégala”, mientras mirábamos pasar las nubes desde la ventana de la casa del árbol.. Bueno… George du Sangrouge también ha hecho poemas, porque él es poeta y suele hacer muchos poemas.

Bueno, ahora Paulina y yo vamos a mirar por la ventana del castillo de Abadie. Espero que os guste mi postre. Hasta la próxima, admiradores humanos y admiradores humanas.

Vuestra siempre, Lud”.

0

Un día en la vida de Ludmila von Vampüren

Devorgila, Iñaki Vladimir y Ludmila

Durante toda esta semana, Lud -así la llamo yo afectuosamente- se ha levantado por la mañana, se ha lavado la cara, se ha vestido, se ha peinado (ayudada por sus fieles muñecas: Edwina, Georgina, Paulina y Catriona). Después han ido a desayunar y ella ha esperado a que Iñaki Vladimir venga con el cochecito mágico a recogerla para ir con él y con Devorgila, y a veces con alguna de sus muñecas, al cole vampirín de Paso Borgo.

Y, claro, os preguntaréis ¿pero qué es eso de un cochecito mágico? Pues veréis, cuando llega un nuevo vampirín a este mundo, no llega solo, sino acompañado de toda una suerte de enseres con los que le agasaja el propio universo vampirico. En concreto, a Iñakitín le dieron: plumieres para el colegio, ropa al más puro estilo decimonónico, libros…en fin, el blog se me queda corto para citarlo todo. Pero, eso sí, uno de los enseres más importantes es el cochecito mágico, que utilizan para todo tipo de desplazamientos, incluido ir al colegio. El cochecito es un poco como los coches de hacia 1890, pero en tamaño niño-vampirín. No hace falta mucha destreza para conducirlo porque, obviamente, es mágico y basta con que el vampirín o vampirina guíe más o menos el volante. Y eso por suerte, porque el cochecito de marras adquiere unas velocidades que…

Pues sí, para que os hagáis una idea: Iñaki viaja todos los días desde el País Vasco hasta el corazón de Transilvania. Ir y volver. Todos los días, sí. Esa es la velocidad que puede adquirir el cochecito, en un reto al espacio-tiempo que a nosotros, los humanos, nos resulta casi inconcebible. Pero es así. Todas las mañanas Iñakitín coge a Devorgila de su castillo de Hendaya y desde allí acuden al colegio, pasando antes por la mansión de Ludmilina, como ya sabéis sita en la propia Transilvania, que les espera en el porche de su castillo vestida y peinada impecablemente con una gran sonrisa.

En el colegio les espera la rutina diaria, que no por rutina es aburrida, no creáis. Los profesores, los otros compañeros, la clase de Historia, de Canto, de Arte… Es un buen lugar para hacer nuevos amigos. Amigos…o rivales. Ludmilina es un cielo, pero cuando se le mete alguien entre ceja y ceja, más vale dejarla aparte. Una de las vampirinas a quien tiene atravesada es a Dimitra von Titu… Pero esa es una historia un poco complicada, ya os la contaré en otro momento… (continuará)

 

0

Presentación de Ludmila Von Vampüren y sus extraordinarias aventuras

 

Iñakitin en su breve etapa de bebe

Iñaki Vladimir en su breve etapa de bebé

Me llamo Julia Onaindia. Mi historia particular es la historia de… ¿cómo describirlo?… ¿un “drama personal”?… ¿Una historia tan surrealista que nadie podría creer que es verdad?… No sé.

Hasta hace tan sólo 2 años yo era una mujer normal y mi vida era una vida normal. Soy becaria en una Universidad, me dedico a profundizar en el estudio de mis materias preferidas… en fin… como la vida de tanta gente. Pero un día, precisamente, en una frecuentada biblioteca de San Sebastián, conocí a mi actual pareja. Él se acercó a mi, tomamos un café… y nos hicimos, pues eso… pareja.

Éramos muy felices recorriendo la Costa Vasca y todas las provincias aledañas en nuestros ratos libres. Pero un día… un día tuve la mala fortuna de enterarme de que mi pareja, C., había tenido un breve affaire con una amiga mía, K. Aquello podría haber sido un drama, de hecho fue muy ingrato para mí, pero lo más sorprendente… lo que me dejó absolutamente perpleja del todo fue lo que vino después, no creáis. Y es que, fruto de aquel affaire, mi “amiga” K. tuvo un hijo.

Pero ¿cómo?, diréis, ¿un hijo? Pues sí y no. Es decir, era un hijo, sí, pero no un hijo “normal”… Era ni más ni menos que un vampirín. ¿Un vampirín? Diréis. Si. Precisamente en este blog os quiero hacer partícipes de todo lo que he aprendido del mundo vampírico a través de la presencia de este nuevo ser en nuestra vida. Y es que el affaire pasó. Mi querida pareja y yo continuamos con nuestra relación olvidando el pasado… pero el niño vampirín se quedó con nosotros y ahora forma parte de nuestra vida.

Sus papás, C. y K., le llamaron Iñaki Vladimir. Iñaki por la parte vasca, como su mamá y Vladimir por la parte transilvana. Y aún hay más: al principio sólo era él, pero luego nos presentó a sus amigas, a sus profesores del colegio… Precisamente en el colegio fue donde conoció a quienes luego han sido y siguen siendo sus mejores amigas: Ludmila von Vampüren y Devorgila de la Sang, dos estupendas niñas vampiras que son parte de importantes familias (de vampiros) de diversos lugares de Europa.

Las dos son encantadoras, pero con personalidades bien diferenciadas. Iñakitin, como le llamamos nosotros, con el tiempo ha preferido permanecer en un segundo plano y quien ha acabado acaparando todo el protagonismo es Ludmila von Vampüren. Cuando vino a casa por primera vez, era una niña de pelo oscuro, impecablemente vestida al estilo del siglo XIX, modosita y con unos exquisitos modales -algo demodés para nuestro estilo de vida, la verdad- y muy, muy encantadora. A medida que ha cogido confianza nos ha mostrado su personalidad arrolladora, presumida, líder de su grupo de amigos, y que tiene como una de sus máximas vitales el objetivo de llegar a ser famosa, dando a conocer su estupendísima vida a los humanos. Y para ello, me ha elegido a mí como biógrafa. Así que… este es el primer capítulo de esas magníficas aventuras de Ludmila von Vampüren.

Periódicamente os pondré al día… a no ser que directamente la propia Ludmila decida contaros aquí sus avatares.

Descubriréis muchas peculiaridades del mundo vampirín. Por ejemplo, os adelanto… que los niños vampirines nacen ya hablando y con la dentición completa (colmillitos incluidos), que son bebés sólo durante dos semanas y luego se mantienen como niños de 8 años hasta que pasan 2 siglos. Entonces entran en la Adolescencia. Ludmila lo llama “Adolespelencia” Y es que Ludmila tiene algunos problemas de dicción que está tratando con el foniatra del magnífico equipo docente del colegio vampirín de Paso Borgo…

(Continuará…)