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Aprovechando el verano hasta el fin

apurando-el-verano-hasta-el-finalEstimados y estimadas seguidores y seguidoras, buenas tardes a todos una semana más. Pero, permitidme una disquisición, ¿realmente son “buenas” tardes? ¿O más bien “malas” tardes? Pues, como casi todo en la vida, todo depende de la perspectiva. Me explico. Lo que es innegable es que el Verano ya se ha terminado en el hemisferio norte. Atrás quedan los estivales días luminosos, las playas atiborradas de gente, levantarse a las 11.00 de la mañana sin más perspectiva que holgazanear, tomar refrescos y salir de fiesta en fiesta en las cálidas noches veraniegas. Vamos, lo que se dice un sueño para la mayoría de los humanos. Y hete aquí la cuestión: claro, para los “humanos”. Pero, teniendo en cuenta lo que nos trae aquí, a este blog, nos podemos preguntar: ¿y para los vampiros y vampirines? ¿Lo viven de la misma manera? ¡Buf! Pues de eso sé yo unas cuantas cosas.

Pues bien, la respuesta es sí y no. Los que les habéis seguido en el blog y también en Twitter sois conocedores del Verano que han pasado nuestros vampirines: comidas exóticas exquisitas, un viaje que les ha llevado desde París a la mismísima China, pasando por Budapest, Turquía, India y el Tíbet, aventuras, un secuestro incluido del que han salido maravillosamente bien parados… vamos ¿se le puede pedir más a un Verano, seas humano, vampiro o planta? Yo… ¡creo que no! Pues ellos tampoco. Vamos, que se lo han pasado de maravilla y les da algo de pereza volver a sus hogares. Hasta aquí yo creo que todos lo comprendemos. La cuestión es que, por la parte vampírica que les toca, lo cierto es que su estación favorita del año es el Invierno, que es lo que nos tocará a todos dentro de poco. Y así Ludmila, Iñaki Vladimir, Devorgila y George,,, y los vampiros adultos (sus papás, la tita Carmila, el señor Corzeniovsky, etc.) ansían en su ser más profundo la llegada de la época invernal: las montañas llenas de nieve, las chimeneas con fuegos enormes crepitando en sus salones, los caminos escarpados cubiertos de hielo con cuervos en los árboles… pues sí, todas esas cosas. Claro, eso implica que los vampirines irán al colegio y tendrán que estudiar, encontrarse con otros amigos, seguir rivalizando con sus adversarios y adversarias… pero todo va en el mismo lote. Así que, resumiendo la pregunta que os he planteado inicialmente: por un lado les da pena que se acabe el Verano y por otro lado no. Eso es lo que puedo deciros.

El caso de las muñecas de Ludmila es un poco especial, porque van a asumir lo mismo que piense Ludmila. Bueno, Catriona es un poco particular. Ya sabéis que es bastante rebelde, pero en torno a esta cuestión es como Ludmila. Vamos, que también le gusta el invierno. Además, las muñecas de Ludmila, como el resto de las muñecas para niños y niñas vampirines no olvidan que son entregadas a sus respectivas familias durante el Invierno, cuando el Antiguo y el mundo vampírico en general celebran el solsticio de Invierno (Navidad para los humanos) y los vientos gélidos invaden las montañas de Transilvania y de Europa en general.

Hoy sábado todavía están de viaje de regreso, van a velocidad media, ni muy rápida ni muy lenta, y se espera que lleguen a sus casas el lunes. A todos les están esperando con mucho afán sus respectivas familias. A Ludmila, en concreto, su mamá ya le ha comprado nuevos vestidos para el invierno, plumieres, plumas, plumines y lápices, así como una pizarrita nueva y muchas cosas más. Le ha colocado todo encima de su cama, para que lo vea bien nada más llegar. Y es que… sus papás son muy estrictos y muy rígidos, pero… cariño, cariño sí que le tienen a la criatura y no le falta de nada. Por no decir el yayo Teobaldo, que también le tiene preparada una sorpresa que ya os contaremos (es que yo misma aún no sé qué es, pero sé que algo le ha preparado).

China, Turquía, Budapest, El Cairo… todo va quedando atrás, todo ya pertenece al pasado para nuestros vampirines Ahora les queda el nuevo curso escolar, en el que, seguro, aprenderán muchas cosas y vivirán otro intenso Invierno. ¡Hasta el próximo sábado, amigos y amigas!

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La calma tras la tempestad

Muy buenas tardes/noches semi-invernales a todos nuestros queridos seguidores y seguidoras. ¡Ya comienza a notarse, cada vez más, que los días son más cortos, las noches más largas, los días más fríos, las noches más frías todavía, los pájaros cantan, las nubes se levantan…! ¡Huy! Me parece que me he salido un poco de lo que quería decir. ¿Pensaréis, quizá, que estoy de buen humor? ¡Pues pensáis bien! ¿Y a qué creéis que puede deberse mi buen humor? Bien, hagamos un poco de memoria. La horrible semana pasada, recordaréis que fue muy triste. Y es que tuve que contaros la horrorosa desgracia que se cernió sobre nuestros vampirines, desaparecidos por culpa de la horrenda Priscilla von Mollen y presos por órdenes expresas de la susodicha. No puedo contaros mucho acerca de todo lo sucedido, que es muy extenso, y, además, la inefable, única e irrepetible Ludmila von Vampüren quiere que se escriba un libro sobre todo ello, por lo que no puedo desvelar el contenido de ese futuro libro, pero sí puedo deciros que ¡han sido felizmente liberados! El equipo liderado por la tita Carmila y el señor Corzeniovsky, con la inestimable colaboración de las muñecas de Ludmila; Catriona, Edwina, Paulina y Georgina, ha logrado que el triste suceso culmine en un bello final en el que todos los vampirines han recobrado su envidiable libertad.

La verdad es que no tengo palabras para agasajar a todos los participantes en su liberación. Y no puedo olvidar, de manera especial, a la tita Carmila. Valiente, eficaz, amorosa y luchadora, aunque la verdad es que ya tiene experiencia en este tipo de aventuras. En efecto, no es la primera vez que tiene que acudir a liberar a sus queridísimos vampirines, a los que quiere como si todos fueran de su propia familia. Bueno, Devorgila de la Sang, es realmente de su propia familia, pero los demás también le resultan casi igual de entrañables. ¡Ah! ¡La tita Carmila! ¡Cuántas batallas ha librado en su larga vida!

El equipo de vampiros y vampirines ha podido continuar su viaje en China tras el horrible suceso, y ahora vuelven al Tíbet para recuperar algunos objetos con los que los tibetanos propiamente dichos habían agasajado a las muñecas de Ludmila. Es que Ludmila von Vampüren no quería perderse aquello de ser la madre, jefa y señora de todas unas “diosecillas”, claro. Aparte de dejar bien claro el hecho por aquellas latitudes. No fueran a creer que ella era menos que sus adoradas muñecas.

Bueno, estimados lectores, hasta aquí puedo contaros por ahora. La semana que viene seguramente hará más frío, los días serán un poco más oscuros, y los vampiros serán muy felices porque se acerca su estación favorita. Así que ¡os esperamos por aquí! ¡Hasta pronto!

 

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Vidas vampíricas no paralelas: la horrible Priscilla von Mollen y la recatada Devorgila de la Sang y sus aplicadas muñecas

Hoy es un día triste, queridos seguidores y seguidoras. Los que nos sigáis por Twitter tendréis una idea de qué os estoy hablando. Realmente… ha sucedido algo terrible, no puedo explicarlo de otro modo. Y yo me encuentro muy triste. Veréis, Ludmila y toda la troupe, como sabéis estaban viajando por China. Se lo estaban pasando en grande, comiendo sus dulces y conociendo toda su gastronomía y monumentos. Bueno, los niños estaban también un poco espantados porque el señor Corzeniovsky les había confesado que él, en alguna de sus aventuras anteriores en China, había comido incluso serpientes, hecho que tenía a Ludmila un poco espantada y meditabunda. Así las cosas, acabaron visitando la hermosa Ciudad Prohibida con sus misterios y sus bellezas mundialmente reconocidas. De pronto… como ya había sucedido en otros veranos, yo, la mismísima biógrafa de Ludmila von Vampüren, Iñaki Vladimir, etc., dejo de tener comunicación con la susodicha vampirina.

“¡Oh! ¡Horror! ¡¡¡Algo habrá sucedido!!!”, pienso. Pues sí, y como era de esperar, era la mismísima Priscilla von Mollen, la archienemiga de la tita Carmila y, por extensión, de todos los que la rodean, quien estaba detrás de todo esto. Y hasta aquí os puedo contar. La buena noticia es que la tita Carmila y el señor Corzeniovsky no han dejado de intentar, con todos los medios de los que disponen (que no son pocos y, desde luego, bastante expeditivos), recuperar a los pequeños vampirines… y sé de buena tinta que están en el buen camino… pero no puedo contaros nada más. Esperemos que todo esto se solucione pronto.

Me vais a perdonar, pero ante unos acontecimientos tan tristes (echo muchísimo de menos a Ludmila y su vocecita metiéndose continuamente en mi vida y contándome la suya), necesito hablaros ahora de algo un poco más alegre y de lo que apenas os he contado nada. Y es que… hemos hablado de las muñecas de Ludmila detalladamente, incluso de las muñecas de Dimitra… y nos falta hablar de las muñecas de… ¡Devorgila! ¿Y cómo son esas muñecas, diréis? Pues… pues se parecen mucho a la propia Devorgila. No creáis que son tan diferenciadas entre sí y tan presumidas como las muñecas de Ludmila, no. Veréis: son tres y actúan en grupo, casi simultáneamente. Devorgila pasa bastante tiempo con ellas en su atelier del castillo de Abadie observando las estrellas, y poco a poco les ha ido transmitiendo gran parte de sus conocimientos, porque las tiene como ayudantes. De esta manera, ellas han ido adquiriendo un buen bagaje de conocimientos en “Astromonía”, como diría Ludmila, y son de lo más intelectual. Llevan vestiditos a su medida para niñas de finales del siglo XIX (lo más cómodos posible, eso sí), y van muy curiosas y aseadas, pero la moda no les importa demasiado. Estas vacaciones se han quedado como guardianas custodias del observatorio de Devorgila, observando (valga la redundancia) y anotando todas las peculiaridades del cielo en el Verano de este año, para que cuando venga su “ama” le puedan ofrecer un buen trabajo de estudio y análisis. Devorgila está muy contenta con ellas. No hablan mucho, más bien observan y van juntas a todas partes. La verdad es que también son muy entrañables, y menos mal que son así de aplicadas y calladas, porque eso permite que Devorgila se pueda dedicar enteramente a sus estudios, que es una de las cosas que más le gusta en el mundo.

Por cierto, para finalizar con esta comunicación de hoy, y hablando de muñecas… quienes no se han quedado paradas frente a estos últimos acontecimientos de la vida de nuestros queridos vampirines son las muñecas de Ludmila. Edwina que, ¡como no!, ha sido igualmente secuestrada junto con el resto de nuestro entrañable grupo, consiguió ocultar su pequeña telebola de muñeca entre sus enaguas y los esbirros norcoreanos que acompañan en esta horrible tarea a la no menos horrible Priscilla von Mollen (ahora devenida coronela del Ejército de ese peculiar país) no se la pudieron requisar. Por eso, en un descuido de la temible y horrible Priscilla von Mollen, se comunicó con el resto de muñecas de Ludmila (ya sabéis: las inefables Catriona, Georgina y Paulina) y gracias a ello se han convertido en la clave para evitar que los horrorosos planes de Priscilla puedan triunfar. Fueron ellas, con la eficaz y valerosa Catriona al frente, las que avisaron a la tita Carmila y al señor Corzeniovsky de lo que estaba pasando y ahora mismo sobrevuelan la frontera entre China y Corea del Norte para delatar el punto por donde Priscilla y sus famélicos esbirros tratan de llegar a buen puerto en ese último país en el que tanto ha prosperado la malvada vampiresa. Así que, como os digo, allí están prestas a colaborar con el equipo de rescate en todo lo que se les requiera. Esto me tranquiliza, la verdad.

¿Acaso creéis que la terrible Priscilla, por muy perversa y horrible que sea, podrá algo contra un equipo formado por la hábil tita Carmila, el experimentado señor Corzeniovsky, las astutas muñecas de Ludmila y todos los amigos y amigas que decidan ayudarles en esta aventura? Yo, honestamente, creo que no, pero bueno… todo se verá. Por mi parte, fiel a mi cita con vosotros, os mantendré perfectamente informados. ¡Hasta la próxima semana, queridos amigos y amigas! ¡Deseadme ánimo en estos malos momentos! ¡Un abrazo a todos!

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Las vacaciones ¿accidentadas? de las muñecas de Ludmila

Hola a todos y todas, queridos y queridas lectores y lectoras. Parece que las vacaciones de la mayoría de vosotros han tocado a su fin. Quizá también habéis regresado a vuestro hogar a continuar con las rutinas de cada día. Sí, sería lo normal. Nuestros queridos vampirines, sin embargo, continúan con su viaje de verano, como cada año, y que esta vez les ha llevado hasta la mismísima China, donde seguro que descubrirán todas sus maravillas.

Sin embargo, una sombra se cierne sobre nuestra querida Ludmila von Vampüren, aunque ella no lo sepa. Veréis: hace unas semanas os hablé del fabuloso verano que había preparado Ludmila a sus muñecas Catriona, Paulina y Georgina, y que consistía en un viaje en globo que disfrutarían cada Sábado del Verano. Recordaréis también que nos habíamos quedado con la terrible incógnita de qué habría sucedido tras el anuncio de viento fuerte que podría haber variado el rumbo normal del vuelo del globo y estábamos muy turbados por si llevaba a las tres encantadoras muñecas de la no menos encantadora Lud a un lugar recóndito. Sí, todos estábamos muy preocupados, ¿recordáis? Bien, pues ha llegado el momento de compartir con vosotros cómo acabó tan delicado asunto. Del que, por supuesto, Ludmila sigue sin saber nada. Permitidme que os felicite a todos, porque sé de buena tinta que Ludmila no se ha enterado, y eso, sin duda, es también porque vosotros habéis sabido guardar el secreto.

Las muñecas estaban viajando plácidamente en su globo, acompañadas por un vampiro criado que las custodiaba, cuando llegó el terrible viento que estaba anunciado. Catriona, muy valiente ella, tomó el mando de la situación rápidamente y comenzó a dirigir los movimientos de los demás. El vampiro criado en un primer momento se convirtió en murciélago, en un intento de evadir los problemas que se le avecinaban, pero Catriona le puso firme a trabajar junto con las demás. Se resguardaron él y ellas en la cabina que lleva incorporada la cesta del globo y se dejaron llevar, un poco temerosos todos, hacia donde los vientos quisieran. ¿Y donde quisieron llevarles los vientos? Pues… ¡ni más ni menos que al Tibet!

Fue así que las muñecas de Lud aterrizaron en aquellas lejanas tierras sin saber muy bien ni dónde se encontraban. La cesta del globo hizo ¡¡¡ploc!!!, y aterrizó en una montaña verde y floreada. Cuando aún estaban un poco aturdidas, se acercó un hombre, con todo el aspecto de ser un campesino tibetano, que las observó detenidamente con la mayor cara de asombro que jamás se ha podido contemplar en persona alguna sobre la tierra. Hay que comprenderle, la verdad: ante sí tenía unas muñecas vestidas de una extrañísima manera, acompañadas de un hombre vestido de negro con pinta de triste y, además… ¡las muñecas hablaban y se comportaban como auténticas niñas de verdad!

Bueno, el hombre, automáticamente, pensó que eran unas diosecillas con las que la divinidad había querido agasajarles, de modo que avisó al resto del pueblo y acomodaron a las muñecas en la mejor de sus estancias, cuidándolas como si fueran auténticas diosas. Y… claro, Catriona se ha aprovechado de la situación, y se dedica a explotarla todo lo que puede. Y Paulina y Georgina se dejan llevar, como es natural en ellas. Así que se tumban, a discreción, en todo un surtido de lujosos y mullidos cojines de seda o en unas hamacas de colores que les han regalado como ofrenda los campesinos tibetanos para la suntuosa habitación que les han dedicado. Catriona se dedica a pedir a los pobres campesinos todo lo que le da la gana: que si frutas exóticas, que si pastelillos de bizcocho y naranja, que si paseos a lomos de yak… mientras se regocija en su hamaca pensando qué más podrá pedir al día siguiente. ¡Vaya Vacaciones! Y los pobres campesinos tibetanos no se atreven ni a rechistar, porque temen enfurecer a los dioses, claro.

¡Ah! ¡Por cierto! Sigo confiando en vosotros y en que no le contéis nada a Ludmila, que se mantiene ajena a todo esto, creyendo que sus muñecas descansan plácidamente y a buen recaudo en su habitación de su gran castillo de Transilvania. Quizá sea mejor que las muñecas se mantengan en el Tibet, lugar donde también ha ido a parar Ludmila unos días, porque no lejos de allí se encuentra la archiodiada enemiga de todas ellas (y de ellos también): Priscilla von Mollen, que sin duda estará tramando cómo fastidiar a la tita Carmila, a Ludmila… y uno nunca sabe cuándo va a necesitar a un fantástico ejército de muñecas que te saquen de cualquier apuro. ¿Quién sabe?, ¿verdad? ¡Hasta la próxima semana, queridos lectores y queridas lectoras! ¡Feliz regreso a vuestro hogar!

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La lánguida Pollyanna

 

Buenos días/noches a todos mis queridos lectores y lectoras. Hoy no estaba muy segura sobre qué podía hablaros en este blog dedicado a Ludmila von Vampüren, la vampirina (de 8 años) más importante de tooooooda Transilvania, y sus queridos amiguitos, adláteres, enemigos y enemigas más o menos mortales, etc… Pues sí, como os digo, no estaba muy segura de qué tema de los muchos a que da lugar la dimensión vampírica (especialmente en su franja de edad de 8 años) podía hablaros. Finalmente, he pensado en contaros un poco más del poeta maldito en esencia (aunque sólo tiene 8 años por ahora) George du Sangrouge, más concretamente de sus filias y de sus fobias.

Y, para precisar más aún, os hablaré de una de sus musas, aparte, por supuesto, de la principalísima Ludmila von Vampüren a la que ya conocéis bastante que no es lo mismo que demasiado. Pues bien, cerca de la casa de George du Sangrouge, también en Biarritz, vive una delicada vampirina (también de 8 años, por supuesto) que suscita no pocos suspiros en el alma del romántico George du Sangrouge. La verdad es que le aburre un poco, porque… un poco sosa sí que es, todo hay que decirlo. Sin embargo, a George le viene muy bien, porque Ludmila, a veces, le evoca demasiados tormentos con esos detalles que tiene de “robarle” los poemas, y traerlo de aquí para allá.

Al contrario que la mayoría de vampirines y vampirinas, Pollyanna no es morena sino rubia. Pero rubia, rubia, ¿eh?, sin ambigüedades ni tintes de Camomila ni cosas de esas, y pálida… muy, muy pálida… en eso es como el resto de los vampirines. Suele llevar muchos vestidos de seda en colores pastel y habla muy poco. Más bien, es que cuando habla no se sabe si está hablando, suspirando o llamando a su gato porque habla muuuuuy bajito, como si quisiera hacer creer a todo el mundo que es una deletérea sílfide del bosque (creo que por ahí va la cosa…).

Vive bastante encerrada en sí misma, en su habitación y rodeada de sus muñecas que… para ser honestos… son bastante menos divertidas que las de Ludmila. Le gusta mucho leer a Lord Byron, y ese suele ser el tema de conversación principal con George du Sangrouge cuando hablan. Bueno, en realidad, cuando habla George con ella, porque ella hablar, lo que se dice hablar, habla bastante poco. Pollyanna sobre todo escucha mientras mira al infinito en un gesto de infinita languidez. Muy mona, eso sí. Y claro, toda esa suma de características, consiguen captar la atención de nuestro poeta George, que le dedica laaaaargos poemas. A Ludmila no le hace mucha gracia (más bien no le gusta nada) compartir protagonismo en los poemas de George con esta otra niña (que a Ludmila le parece una pavisosa), porque una cosa es que a Ludmila quien en realidad le guste desde su tierna infancia sea Iñaki Vladimir, y otra que George du Sangrouge no esté prendado únicamente de ella. Vamos, que ni contigo ni sin ti, o algo así. ¡Buf! ¡Qué complicadas son a veces las relaciones emocionales incluso cuando sólo se es una vampirina o vampirín de 8 años!

Pero bueno, volviendo a Pollyanna, y a sus costumbres podría deciros que es una vampirina de hábitos más que tranquilos. En su residencia con vistas al mar pasa los fines de semana en compañía de su mamá, y de las amigas de la mamá que van a tomar el té a su casa. En cuanto llegan a su apabullante mansión, todas alaban lo mona que es la niña, lo apropiadamente que lleva el lazo con el que recoge su larga melena rubia y lo bien que se comporta, mientras ella saluda leve y algo tímidamente y se queda sentada al lado de su mamá, con una de sus muñecas sobre su regazo. En estas reuniones de té apenas habla, y, cuando lo estima conveniente y tras pedir permiso a su mamá (con una pequeña reverencia en la que la imita la muñeca que está con ella en esos momentos), se retira a su hermosa habitación pintada de rosa palo para hacer sus deberes, leer poesía o para peinar su hermosa cabellera rubia. ¡Una sosa, vamos! Pero a George le encanta, y como ve que cuando sea mayor con Ludmila no va a tener mucho que hacer… pues… igual acaba siendo novio de Pollyanna y todo.

En fin, el tiempo lo dirá. Pero para eso tendrá que pasar muuuuuuuucho tiempo (como sabéis, la infancia vampírica dura laaaaargos años, doscientos para ser exacta) y me temo que ni vosotros ni yo lo veremos desde este Mundo al menos (aunque, claro, si algún vampirín, o vampirina, de 8 años os coge cariño, quién sabe. Lo mismo os manda a un propio o propia para que os arree un mordisco, os pase el gen del vampirismo y ya podéis ir pensando qué vais a aportar a la lista de bodas de Ludmila von Vampüren).

¡En fin! Que disfrutéis de lo que os quede de vacaciones, queridos y queridas… ¡Hasta el próximo sábado!

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Ludmila y sus grandes enemigas. Hoy: Priscilla von Mollen

Buenas tardes o noches o seminoches a todos y a todas. ¿Estáis quizá de vacaciones o habéis vuelto de ellas? ¿Habéis gozado de unos días de asueto en la playa, bajo alguna palmera y os habéis refrescado en las cálidas aguas de un mar en calma? ¡Ahhhh! ¡Qué plácidos los días del verano y descanso vacacional para los humanos! … Para los humanos… y… ¡para los vampiros y vampirines! Como todos sabéis Ludmila von Vampüren, Devorgila de la Sang, George du Sang Rouge e Iñaki Vladimir están disfrutando de un magnífico viaje Oriental en el que, comenzando en Europa, recorrerán la India -misteriosa y todo eso- para acabar en China. Un viaje que les está resultando muy edificante y enriquecedor, como todos los que hacen en compañía del Sr. Corzeniovsky y la tita Carmila, y en el que además gozan de la presencia de Edwina, la muñeca que Ludmila ha elegido para que les acompañe. Todo sería feliz y maravilloso, y de hecho en parte lo es, si no fuera por una leve amenaza que se cierne sobre el grupo de amigos, en especial, para ser honestos, sobre Ludmila von Vampüren. ¿Y cuál es esa amenaza?, os preguntaréis. Veréis, no lejos de esa zona que ahora están visitando… se encuentra Corea del Norte. Y en Corea del Norte habita una vieja “conocida” del grupo de amiguitos que si bien tiene inquina contra todos ellos, la tiene de un modo muy especial contra Ludmila. Pero no es una “conocida” cualquiera, sino que es una vampira bastante peligrosa. No imagináis lo que es capaz de llegar a hacer para lograr sus siempre perversos objetivos. Para saberlo con exactitud, será preciso que leáis el primer libro de “Las Aventuras de Iñaki Vladimir”, que estará disponible en el mes de noviembre, como os hemos comentado en alguna ocasión. Pero aquí quiero haceros un adelanto… hablaros de ella, por decirlo así, para que comprendáis la clase de horrible tensión que puede suponer tener a esta individua al acecho de nuestros vampirines.

Priscilla von Mollen es una vampiresa de la edad de la tita Carmila y una vieja conocida de ella. Su primer encuentro -o más bien encontronazo- tuvo lugar en el excitante Berlín de entreguerras, justo antes del ascenso de los malditos nazis al poder. Priscilla y la tita Carmila se dedicaron esporádicamente a hacer cine, mientras vivían entre la maravillosa bohemia de la época (”bohemia” entre frascos de perfume caros y todas las comodidades, claro). Fue ahí cuando Priscilla sacó a relucir su estúpido carácter queriendo apoderarse, por todos los medios posibles, de los papeles protagonistas de los films en los que aspiraban a aparecer. Pero no acabó ahí la cosa, sino que fue a peor. Priscilla, poco a poco, fue introduciéndose cada vez más entre las altas jerarquías de los “camisas pardas” hasta convertirse en una musa imprescindible de aquellos energúmenos y una muy bien relacionada dama de esas infames esferas.

La tita Carmila, sin embargo, enemiga declarada de esa patulea, fue enemistándose cada vez más con Priscilla, llegando incluso “a las manos” en un cabaret al que los chicos del paso de la oca habían acudido a amargar la fiesta -según una más de sus repelentes costumbres- acompañados de la odiada Priscilla. La cosa fue “in crescendo” de tal modo que la susodicha acabó con un ojo morado, el taconazo de una de sus botas de caña alta roto y unas cuantas contusiones fruto del ímpetu de la tita Carmila, que, la verdad, nunca aguantó a los nazis y menos aún a sus musas inspiradoras.

A partir de ahí se fue fraguando un odio manifiesto, que hace que la odiosa Priscilla intente fastidiar tanto los planes de la tita Carmila, como las vidas personales de los vampiros, vampiras o vampirines a los que ella, por la razón que sea, quiere y estima. Y así fue como llegó a planear un horrible proyecto en el que nuestra adorada Ludmila von Vampüren sufrió muchisísisisimo… pero, como os digo, eso lo podréis leer en el libro, no quiero avanzaros demasiado.

El grave peligro que tenemos ahora mismo es que Priscilla, como tiene por costumbre desde 1933, acecha… acecha, sí, el modo en que pueda, de nuevo, dañar severamente a la tita Carmila y todo lo que en el universo mundo significa algo importante para ella. Me resulta horrenda la idea de que la odiosa e insidiosa Priscilla von Mollen, usando y abusando del grado de coronela del Ejército de Corea del Norte del que disfruta en la actualidad, planee algo que pudiera perjudicar a Ludmila von Vampüren… o a Iñakitín… o a George… o a Devorgila… ¡¡¡Qué horror!!! Menos mal que Ludmila y todos los vampirines permanecen ajenos a este peligro.

No sé, no sé qué pasará… En fin, ya veremos si ese peligro, una vez más, se hace presente y cómo, una vez más, la tita Carmila, vampiresa de recursos, consigue resolverlo con su contundencia habitual

Bueno, queridos y queridas, os dejo a la sombra de vuestras hamacas disfrutando del Verano. Espero que esta amenaza que se cierne sobre nuestros amigos no os impida seguir disfrutando de vuestro merecido descanso. ¡Hasta el próximo sábado!

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La ilustrísima vampira Isabelle du Sang Rouge

Buenas noches, queridos vampiros y vampiras. Porque… en algo vampiros ya os estáis convirtiendo semana a semana… ¿noooo? Sí, es cierto, compartir el universo de nuestros vampirines, los más importantes de Transilvania por cierto, nos convierte, cuando menos, en partícipes de su universo… ¡Y también en algo vampiros! ¿Por qué no? Yo os voy a hacer una confesión… vampira, lo que es vampira… no sé si quiero ser, (más bien creo que no) pero parecerme a alguna de las vampiras que aparecen por aquí… no me importaría mucho. Me gusta mucho la tita Carmila, ¡cómo no!, tan intrépida, aventurera, sagaz y mágica con los niños vampirines. Pero eso sí… en cuanto a guapa, guapa, lo que se dice guapa… me gustaría ser como Isabelle, la mamá de George du Sang Rouge.

Isabelle es bella como una azucena, frágil como las patitas de una mariposa y sutil como el más bello poema de…, el más bello poema de…, pues no sé, de vuestro poeta favorito. Yo diría de Baudelaire, por ejemplo. Su pelo es negro brillante, sus ojos de color mar embravecido; delgada, estilizada y elegante cual modelo contemporánea de la revista “Vogue”. Pues si. Ahora bien, en cuanto a sus cualidades como mamá, habría algún aspecto a mejorar, si se me permite decirlo. Os lo aclaro. La ilustre vampira Isabelle ADORA a su hijo George du Sang Rouge. “Adora”, así, con mayúsculas, a su hijito querido.

Al principio, cuando se hizo amigo de Devorgila, de Iñaki Vladimir y de Ludmila, sufría enormemente por tener que pasar veladas separada de George. Ahora todos los fines de semana en que su hijo disfrutaba y disfruta de la compañía y de los juegos de sus amiguitos vampirines en el castillo de Abbadie, le deja pasar unas escasas horas junto a ellos, pero todavía espera ansiosa el momento en que regrese a casa. Suele ir a buscarle ella personalmente, arregladísima, como siempre que sale a la calle, cubierta en invierno con una capa forrada de raso negro con una capucha que deja entrever su rostro blanquecino de labios rojos, montada en una carroza de color negro azabache conducida por un vampiro criado suyo. Puntual como un reloj, en cuanto la noche es cerrada, Isabelle aparece en el castillo de Abbadie y abraza a su hijo amorosamente para que regrese a su hogar, donde le esperan sus criados con un baño caliente aromatizado con sales, agua de rosas y toallas esponjosas de algodón egipcio, para que descanse de los ajetreados juegos que ha protagonizado junto con Iñakitin, la querida Lud y la intelectual Devorgila. Isabelle tiene criados “de sobra”, pero es ella misma quien le da la cena a su hijo, con mucho amor, y se interesa por las actividades realizadas durante el día y por los últimos poemas que ha escrito. Protege con feroz celo la obra de su hijo. Y es que sabe que Ludmila von Vampüren, a veces, firma los poemas de su adorado George como si fueran de ella, por eso le lanza fulminantes miradas cuando se la encuentra, provocando la sorpresa de nuestra vampirina, que no entiende por qué se enfada tanto.

El segundo viaje estival de nuestros vampirines, realizado en el verano de 2015, y en el que participaba George du Sang Rouge, fue particularmente duro para la bella, lánguida y sobreprotectora Isabelle. Salió al coqueto puerto de Biarritz a despedir a su pequeño vástago, y le esperó allí mismo durante laaaaaargos días antes de su llegada, prefiriendo sufrir incomodidades -relativas, todo hay que decirlo, que se instaló allí de verdadero lujo, como buena aristócrata vampira- para poder estar más cerca del momento del encuentro (como si por eso fuera a llegar antes su adorado hijo, ¡ya véis!).

No deseo entrar aquí en las profundidades freudianas de la Psicología, pero… lo que creo realmente es que quizá por eso George du Sang Rouge es tan ultrasensible y especial. Tanto amor materno le deja un poco aturdido y desprotegido ante la dureza de la vida diaria, habitual tanto en el universo humano como en el vampírico, pero… ella es así, y así os lo cuento, yo no la puedo cambiar. Evanescente, maternal, divina, etérea, y bella, muy bella. ¡Hasta la próxima semana, queridos vampiros y vampiras!