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¡Ha llegado el Gran Día!

Hola amigos y amigas. ¡Al fin ha llegado el gran día! O mejor dicho el Gran Día. Así, con todas las mayúsculas necesarias. Pues sí, hoy llega a su fin este blog en el que tantas emociones hemos compartido en el que –seguro que sí- habréis pasado grandes ratos descubriendo, aunque sea a retazos el fabuloso mundo de la no menos fabulosa Ludmila von Vampüren. (Como bien sabéis ya la vampirina de 8 años más importante de tooooooooooooodaaaaaaaaaa Trandilvania).

Hemos hablado aquí de sus fantásticas merendolas los sábados por la tarde en el castillo de su muy mejor, mejor, mejor, mejor amiga Devorgila de la Sang. Esa muchachita tan intelectual como encantadora.

Hemos hablado, por supuesto, de Iñaki Vladimir, el origen de todo esto y una persona muy especial para nuestra querida Lud (y que se volverá más y más especial con el paso de los siglos, cuando los dos se acerquen a esa fase de su crecimiento, la adolescencia -o “Adolespelencia” como dice nuestra disléxica Ludmila- que tantos días de gloria, vino, rosas y otras cosas ha dado a Stephenie Meyer).

No nos hemos olvidado, desde luego, de George du Sangrouge. Ese pequeño poeta maldito que vive junto al, a veces, tormentoso mar de Biarritz en su pequeña mansión, cuidado, mimado, en fin adorado por su algo pegajosa mamá que lo quiere con devoción. Como no podía ser menos en un niño tan mono y tan pulcro y tan poeta.

Os he contado también muchas cosas sobre las especiales muñecas de las que disfrutan Ludmila y otras niñas vampirinas como Devorgila o la gran rival de nuestra considerable Lud: Dimitra von Titu. Algunas de estas muñecas verdaderamente aventureras y decididas, como pudisteis comprobar este verano, cuando el grueso de la tropa muñequil de Ludmila –es decir: Catriona y las algo más apocadas Georgina y Paulina- aterrizaron tras un viaje en globo en el TÍbet y fueron tomadas por diosecillas y tratadas como tal por unos más bien poco informados aldeanos tibetanos… Hasta que las propias aventurasÍde nuestra queridísima Lud deshicieron el error. Más o menos…

Sí, hemos compartido mucho en estos meses en este blog de Ludmila von Vampüren, pero todo lo bueno se acaba. El blog ha cumplido su misión. Es decir, os ha ido anunciando ese “Gran Día” de Ludmila, el 1 de noviembre, en el que el primer volumen de sus aventuras y las de sus mejores, mejores, mejores amigos –Iñaki Valdimir y Devorgila en el momento que se narra en el libro- iba a ser publicado.

Bien, pues ese día ha llegado. O mejor dicho va a llegar dentro de dos días, este martes. Desde esa fecha sólo tenéis que pedir al Sr. Amazon (como dice nuestra inefable Lud) ese magnifico libro, “Las aventuras de Iñaki Vladimir. El viaje estival”. Para los que no aguantéis hasta ese día, podéis pedirlo ya mismo en este enlace.

https://www.createspace.com/6670696

Así que no esteis tristes porque el próximo sábado ya no haya una nueva entrega del blog de Ludmila von Vampüren: ¡ahora tenéis a vuestra disposición muchas, muchas, muchas, muchísimas más aventuras, detalles y otros descubrimientos sobre Ludmila y su mundo que podréis leer en las páginas de tan fabuloso libro!

Siento pena al despedirme claro. Pero no mucha, porque sé que no es un “adiós”. Es sólo un “¡hasta luego!”. Justo el tiempo que vamos a tardar en reencontrarnos en las páginas del primer libro de “Las aventuras de Iñaki Vladimir” : bella, misteriosa, sugerentemente subtitulado “El viaje estival”.

¡Hasta pronto pues, amigos y amigas!

 

 

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Los nervios de Ludmila

Hola amigos y amigas. ¿Os gustan las películas de guerra? No. A mí tampoco mucho, la verdad. Sin embargo, hoy parece que estoy en plena playa de Omaha aquel frío amanecer de junio de 1944. Justo al lado del querido yayo de Ludmila, que en aquellas fechas era oficial de su Británica Majestad y se jugó su vampírica vida asaltando los búnkeres de los malditos nazis (así los llama él) sobre aquella playa hoy tan famosa, lanzándose al frente de sus soldados contra el peligro, revólver de reglamento en mano. (Historia que Iñakitin y George, como os imaginaréis, hacen repetir a Teobaldo von Vampüren a la menor ocasión en la que recalan en su castillo).

Y por qué, diréis, me siento así. ¡Pues es muy sencillo! Nuestra querida Ludmila sabe que se acerca la fecha de la publicación de “su” libro.

Y no me deja tranquila un momento. Supervisándolo todo, cotilleándolo todo. Por suerte no soy la única “paciente” de tan estresante situación.

No.

Qué va.

Aparte de los sufridos Iñakitin y George, y la no menos sufrida Devorgila (por no hablar de cierto cuarteto de muñecas que bien conocéis ya), el resto de vampirines del colegio de Paso Borgo han tenido noticias de las inquietudes de Ludmila.

Pues sí, desde que nuestra querida Lud supo que se acerca el gran acontecimiento, se las ha apañado para subirse, a primera hora, al estrado de clase e improvisar allí una serie de pequeños noticiarios sobre la próxima publicación del primer volumen de sus “Memorias”.

En alguna ocasión ha mencionado que en este primer tomo también aparecen Iñaki Vladimir y Devorgila. Creo que sí… Ludmila cuando quiere es así de generosa en esto de compartir protagonismo.

Ha sido una arriesgada -y más bien apresurada- operación, pues a los severos profesores del colegio vampirín de Paso Borgo no les gusta nada que nuestra querida Ludmila se apropie del estrado para hacer gala de su arrolladora personalidad. Por muy nieta del ilustre Teobaldo von Vampüren que sea.

Los vampirines que tienen el alto honor de compartir clase y estudios con nuestra querida Lud, se han mostrado vampíricamente interesados. Iñakitin y Devo se han sentido tan sólo ligeramente abochornados por esta nueva muestra del empuje de su apreciada amiga Ludmila von Vampüren.

George du Sangrouge es el menos afectado. Es lógico, porque, como siempre, está inmerso en su mundo poético y, por otra parte, él no aparece, todavía, en este primer volumen de las aventuras de Iñaki Vladimir en las que -¿acaso lo dudáis?- Ludmila von Vampüren tiene un papel protagonista.

Bueno, por hoy os dejo. ¡Hay tanto que hacer para que todo este listo para la gran fecha!

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Ethelvina y Guillermina, el arpa y el laúd, dos de las muñecas de Devorgila

Buenas noches amigos, amigas y seguidores en general. Desde aquí, deseo que os hayáis acomodado ya a vuestro trabajo habitual, después de que ha pasado un cierto tiempo desde las taaaaan deseadas vacaciones de Verano. Aprovechad hoy, que es Sábado, y muchos de vosotros estaréis descansando después de una agitada semana laboral.

Hoy hace un excelente día en el País Vasco y también en Hendaya, donde se encuentran, como cada fin de semana, nuestros adorados vampirines. Un excelente día para que se dediquen a jugar en el jardín del Castillo de Abaddie, convenientemente protegidos de los dañinos rayos de sol para sus pieles vampirinas. Un excelente día, como os digo, para que correteen, tomen el té con los gatos de Devorgila, jueguen al aro, y, en el caso del “ilustre” poeta George du Sangrouge, escriba un bello poema al rayo verde del atardecer, allá en el horizonte marino. Un gran día también para que las muñecas de Ludmila, aquellas que se han quedado en su castillo en las montañas de Transilvania y no han sido recompensadas con pasar el fin de semana junto a su “mamá” Ludmila, aprovechen para reposar en sus cojines exóticos del Tíbet y se dediquen a incordiar un poco a los gnomos del bosque.

Es también un gran día para que las muñecas de Devorgila tomen el té junto con el resto de los vampirines, descansen de su ajetreado trabajo diario, se vistan con sus vestidos de fin de semana y se socializen un poco con Georgina, que es la muñeca que Lud ha decidido que le acompañe este fin de semana. Pero… ¡Ay! ¡Eso sí que no! Aquí quería yo llegar para poder explicaros un poco mejor cómo son las muñecas de Devorgila. Sé que ya os he hablado de ellas en otra ocasión, pero creo que ahora es un buen momento para dároslas a conocer un poco más. De modo que: hace buen tiempo, es fin de semana, los niños se encuentran reunidos en el Castillo de Devorgila disfrutando, etc…, etc… y esto no significa que las muñecas de Devo hagan lo que nosotros esperaríamos que hiciesen. ¿Y qué hacen?

Veréis, las muñecas de Devorgila son… pues eso, las muñecas de Devorgila, es decir, muñecas para una niña que ya desde pequeña viene con un temperamento claramente intelectual. El Antiguo, que como sabéis es algo así como el Papá Noel de los vampirines, y sabe muy bien lo que se hace, le regaló a Devorgila unas muñecas adecuadas para ella. Le ayudan en sus deberes, leen y leen y leen, y son unas magníficas secretarias de los trabajos de Astronomía y Astrología que tanto le gustan a Devo. A Devorgila también se las trajeron en Navidad, claro, o más bien en el Solsticio de Invierno, y se las envió el Antiguo, como os digo. Hoy voy a hablaros de la llegada de sus dos primeras muñecas, Ethelvina y Guillermina. La tercera, Josefina (aunque prefiere que le llamen Jósephine, así, con acento en la “ó”), llegó algún solsticio más adelante y os lo narraré en otra ocasión Así pues, Devo, ¡cómo no!, esperaba su regalo como todos los niños vampirines, pero no tenía claro qué podía ser. Había pedido libros de la Edad Media, tratados de Alquimia también medievales, y en último lugar alguna muñeca, y no sabía qué le llegaría de todo eso. Así que aquellas Navidades (perdón, solsticio) de aquel año, Devo estaba en su biblioteca del Castillo de Abaddie intentando descifrar un códice antiguo, cuando… oyó que en la repisa de su ventana sonaba la melodía de un arpa… como un arpa griega según le pareció. Abrió las contraventanas y no pudo ver nada, de modo que siguió enfrascada en su códice. Al cabo de un momento volvió a oír la misma dulce melodía, de modo que volvió a abrir la ventana y preguntó: “¿Hay alguien ahí?”. Dos dulces vocecillas le respondieron de algún lugar: “Somos las musas griegas y nos envían para acompañarte”. Devorgila no salía de su asombro. Un poco después,  pudo ver cómo en su jardín se iban acercando sus dos muñecas, vestiditas con abrigo, manguitos y bufanda, pero eso sí, con unas gafas enormes y tocando un arpa y un laúd, y rápidamente volaron hasta su ventana. Una vez arriba le dijeron al unísono: “¿Nos dejas entrar?” Devorgila se puso muy contenta y abrió la ventana de par en par para que pasasen. Dentro se estaba muy bien, con una chimenea encendida y mullidos cojines desparramados por el suelo de madera. Rápidamente Devorgila les instó a que le contasen de dónde venían y qué noticias podían traerle del exterior. No les invitó a tomar nada porque Devo es un poco despistada para esas cosas y se centra más en hablar y todo eso. Poco a poco Ethelvina y Guillermina (que así se llaman las muñecas que acababan de llegar) le demostraron que eran unas muñecas cultas y cultivadas y Devo supo que se iban a llevar todas muy bien, como así ha sido, prestando ambas muñecas una gran ayuda en cada labor intelectual que emprende la amiga favorita de Ludmila.

Así que ahora creo que vais a entender mejor que hoy, día soleado como os he contado al principio de este blog, las muñecas de Devo hayan pasado el día leyendo, que es su afición favorita para pasar el rato. Se han sentado cada una en un cojín de la Biblioteca y han leído tratados de Filosofía griega, que es una de sus temáticas preferidas, mientras merendaban bombones rellenos de mermelada. Que, por cierto,… no creáis… hay que estar un poco encima de ellas para que se los coman, porque es… como que se olvidan hasta de comer.

De esto he querido hablaros hoy, porque Ludmila absorbe tanto la atención que parece que lo demás no existe. Claro que… este blog es de ella, sobre todo, así que eso también hay que entenderlo.

Me despido ya de todos vosotros. Espero que tengáis un excelente fin de semana y un buen Otoño en general. Pronto empezarán a caer las hojas de los árboles y es un hermoso espectáculo que no debéis perderos. ¡Hasta el sábado que viene!

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Un suave comienzo de otoño

Buenas tardes/noches queridos amigos y amigas de lo extraordinario. Espero que os encontréis todos pasando un plácido fin de semana en compañía de vuestras familias o amigos. Cuando menos tan plácido como el de nuestros queridos vampirines, que continúan con su vuelta a la normalidad, después del ajetreado verano lleno de aventuras que han disfrutado. Este fin de semana ha sido, no obstante, un poco especial para ellos. El  viernes ha sido fiesta en el País Vasco, y aunque en Transilvania no había tal fiesta, las influencias del yayo de Ludmila von Vampüren han conseguido que los cuatro amiguitos vampirines no vayan al colegio. Pero, eso sí, el yayo ha querido que George, Iñaki Vladimir, Devorgila y su queridísima Ludmila pasen el día en su fabuloso castillo. Y es que el yayo Teobaldo ha echado de menos a su nietecita durante el largo verano y tenía muchas ganas de verla de nuevo, de tocar para ella melodías solemnes, llenas de pompa y circunstancia (como la Tocata y Fuga de Johann Sebastian Bach), en el super-órgano que tiene en la gran sala de su castillo y de dejarla disfrutar en el fabuloso desván lleno de objetos imposibles e inimaginables de todas las épocas del mundo mundial.

Así pues, este jueves a la noche los cuatro amigos vampirines llenaron sus bolsas de viaje con sus enseres y partieron al castillo del inefable yayo Teobaldo. Allí, entre mullidos cojines traídos de Oriente, han leído historias de los libros de la fabulosa Biblioteca del caballero von Vampüren, han tomado excelentes postres de chocolate y se han deleitado en el desván, donde Iñakitín y George han encontrado algunas dagas medievales que se han apresurado a pedir de regalo al ilustre Teobaldo, para poder jugar con ellas en las tardes de Invierno.

El sábado y el domingo, sin embargo, han vuelto a su rutina en el castillo de Abbadie. Hoy es un día que ni fu, ni fa… es decir, ni frío, ni calor, ni llueve, ni hace sol… un día para descansar en la casa del árbol y jugar en el jardín con los gatos de Devo, con el aro y con las nuevas dagas extraídas del desván del yayo Teobaldo. Un día también, en el que Ludmila no ha perdido la oportunidad de robar los últimos poemas de George y correr apresuradamente por el jardín diciendo que los ha escrito ella… en fin… el malestar estaba servido. George se ha puesto a perseguir a Ludmila horrorizado porque le robaban sus poemas, a Devorgila le ha dado por reírse, e Iñakitín… pues no sabía qué hacer. No sabía si defender la legitimidad de George o la picardía de Ludmila. Así que ha optado por sentarse en un mullido sofá de la casita del árbol a leer un libro mientras los demás correteaban por el jardín. ¡Ay! ¡Pobre George! ¡Lo que va a tener que luchar en la vida por defender su obra! Menos mal que, en el fondo, se siente tan atormentado por todo esto como para que la situación le inspire nuevos poemas, que si no…

La muñeca que ha acompañado a Ludmila este fin de semana ha sido la rebelde Catriona. Pues sí, Ludmila ha decidido que Catriona debe pasar más tiempo con ella, porque no quiere que se vuelva aún mas marimandona y acabe convertida en la lideresa de las demás muñecas… ¡que para eso ya está Ludmila von Vampüren, qué narices! Así que ha hecho su maletita con sus cosas de muñeca, y se la ha llevado de fin de semana: un cepillito para el pelo, un camisoncito de organza con cofia a juego, un vestidito para cambiarse… ha sido su ajuar de mini-viaje. Catriona está encantada, jugando al té con todos los vampirines y persiguiendo a los gatos para pisarles el rabo, que es una de sus aficiones favoritas.

Pues eso es lo que puedo contaros, queridos seguidores. Pronto será la fiesta de Halloween que, como ya os hemos explicado en alguna ocasión, es una celebración muy importante para el mundo vampírico. Como cada año se preparará una gran celebración en algún enclave importante, por eso, las familias de nuestros vampirines quieren que, hasta que llegue ese gran día, los niños pasen unos días lo más tranquilos posible. Ludmila, por su parte, no hace más que contar las lunas que quedan para Navidad, quiero decir, el Solsticio de Invierno, y se pasa el día preguntándome: “Tita… ¿ya es Navidad?” Es que como le gustan tanto esas fiestas llenas de dulces, comidas familiares y sorpresas, cuenta cada noche que pasa para estar más cerca de ellas. Se pone un poco pesadita, pero en el fondo… ¡es tan mooooooona! Bien, os dejo, por hoy, queridos lectores. ¡Hasta el próximo fin de semana!

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Vuelta a la normalidad

Hola, de nuevo, a todos y todas, queridos y queridas lectores y lectoras. Bueno, os preguntaréis : ¿qué ha pasado de especial en la vida de nuestros vampirines?

Pues, os responderé, poca cosa: han vuelto a sus rutinas habituales. Es decir, a casa durante toda esta semana a la espera de que el colegio vampirín de Paso Borgo. reabra sus puertas, tal y como está previsto, en la primera semana de octubre.

Así Ludmila, nuestra querida Ludmila,. se ha reencontrado con su papás. El susodicho reencuentro ha sido emotivo. Al menos para los estándares vampíricos. En efecto, tras tan larga ausencia de su hijita querida, la señora Von Vampüren, ha derramado una lagrima -una sola, por supuesto- al ver regresar al castillo a su querida hija Ludmila.

El yayo Teobaldo, como ya os imaginaréis, ha sido más efusivo. Y Ludmila, a su vez, lo ha sido con él, abrazándose a sus piernas con grandes muestras de alegría, cuando lo ha visto a la entrada del castillo Von Vampüren, cuando ha regresado de su largo y aventurero viaje.

El yayo, cómo no, ha correspondido a estas muestras de cariño de su inefable y querida nieta y le ha prometido que la próxima vez que lo visite, le dejará la llave del desván para que suba a indagar en él.

Por lo demás la recepción en el castillo de los Von Vampüren ha sido de lo más acogedora, con un gran banquete en el que los niños, la tita Carmila y el señor Korzeniowsky relataron sus aventuras de este verano.

Todo transcurrió con normalidad. Iñakitin repitió postre por tres veces, como es habitual en él.

Aparte de esto, cada vampirín volvió a su respectivo schlöss: Ludmila al suyo, Devorgila a Abadie, George du Sangrouge a Biarritz e Iñakitin a su piso de clase media al otro lado del Bidasoa.

Ludmila ha dedicado esta semana, como sus queridos amigos, a preparar todo para la vuelta al cole: vestidos, plumas, plumines, tinteros, cuadernos, etc… Todo lo que su mamá le ha comprado para el efecto.

No ha habido más novedad. Bueno, sí, que las inefables Catriona, Edwina, Paulina y Georgina, las muñecas de Ludmila, se han enterado de que Dita von Teese ha sacado una colección de muñecos -eso dicen- y han insistido mucho a nuestra querida Lud para que se los regale este solsticio de invierno…

En fin, como veis, la normalidad se ha restaurado en nuestro pequeño mundo vampirín.

Un saludo a todos y todas y, como siempre, hasta la semana que viene.

 

 

 

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Aprovechando el verano hasta el fin

apurando-el-verano-hasta-el-finalEstimados y estimadas seguidores y seguidoras, buenas tardes a todos una semana más. Pero, permitidme una disquisición, ¿realmente son “buenas” tardes? ¿O más bien “malas” tardes? Pues, como casi todo en la vida, todo depende de la perspectiva. Me explico. Lo que es innegable es que el Verano ya se ha terminado en el hemisferio norte. Atrás quedan los estivales días luminosos, las playas atiborradas de gente, levantarse a las 11.00 de la mañana sin más perspectiva que holgazanear, tomar refrescos y salir de fiesta en fiesta en las cálidas noches veraniegas. Vamos, lo que se dice un sueño para la mayoría de los humanos. Y hete aquí la cuestión: claro, para los “humanos”. Pero, teniendo en cuenta lo que nos trae aquí, a este blog, nos podemos preguntar: ¿y para los vampiros y vampirines? ¿Lo viven de la misma manera? ¡Buf! Pues de eso sé yo unas cuantas cosas.

Pues bien, la respuesta es sí y no. Los que les habéis seguido en el blog y también en Twitter sois conocedores del Verano que han pasado nuestros vampirines: comidas exóticas exquisitas, un viaje que les ha llevado desde París a la mismísima China, pasando por Budapest, Turquía, India y el Tíbet, aventuras, un secuestro incluido del que han salido maravillosamente bien parados… vamos ¿se le puede pedir más a un Verano, seas humano, vampiro o planta? Yo… ¡creo que no! Pues ellos tampoco. Vamos, que se lo han pasado de maravilla y les da algo de pereza volver a sus hogares. Hasta aquí yo creo que todos lo comprendemos. La cuestión es que, por la parte vampírica que les toca, lo cierto es que su estación favorita del año es el Invierno, que es lo que nos tocará a todos dentro de poco. Y así Ludmila, Iñaki Vladimir, Devorgila y George,,, y los vampiros adultos (sus papás, la tita Carmila, el señor Corzeniovsky, etc.) ansían en su ser más profundo la llegada de la época invernal: las montañas llenas de nieve, las chimeneas con fuegos enormes crepitando en sus salones, los caminos escarpados cubiertos de hielo con cuervos en los árboles… pues sí, todas esas cosas. Claro, eso implica que los vampirines irán al colegio y tendrán que estudiar, encontrarse con otros amigos, seguir rivalizando con sus adversarios y adversarias… pero todo va en el mismo lote. Así que, resumiendo la pregunta que os he planteado inicialmente: por un lado les da pena que se acabe el Verano y por otro lado no. Eso es lo que puedo deciros.

El caso de las muñecas de Ludmila es un poco especial, porque van a asumir lo mismo que piense Ludmila. Bueno, Catriona es un poco particular. Ya sabéis que es bastante rebelde, pero en torno a esta cuestión es como Ludmila. Vamos, que también le gusta el invierno. Además, las muñecas de Ludmila, como el resto de las muñecas para niños y niñas vampirines no olvidan que son entregadas a sus respectivas familias durante el Invierno, cuando el Antiguo y el mundo vampírico en general celebran el solsticio de Invierno (Navidad para los humanos) y los vientos gélidos invaden las montañas de Transilvania y de Europa en general.

Hoy sábado todavía están de viaje de regreso, van a velocidad media, ni muy rápida ni muy lenta, y se espera que lleguen a sus casas el lunes. A todos les están esperando con mucho afán sus respectivas familias. A Ludmila, en concreto, su mamá ya le ha comprado nuevos vestidos para el invierno, plumieres, plumas, plumines y lápices, así como una pizarrita nueva y muchas cosas más. Le ha colocado todo encima de su cama, para que lo vea bien nada más llegar. Y es que… sus papás son muy estrictos y muy rígidos, pero… cariño, cariño sí que le tienen a la criatura y no le falta de nada. Por no decir el yayo Teobaldo, que también le tiene preparada una sorpresa que ya os contaremos (es que yo misma aún no sé qué es, pero sé que algo le ha preparado).

China, Turquía, Budapest, El Cairo… todo va quedando atrás, todo ya pertenece al pasado para nuestros vampirines Ahora les queda el nuevo curso escolar, en el que, seguro, aprenderán muchas cosas y vivirán otro intenso Invierno. ¡Hasta el próximo sábado, amigos y amigas!

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La calma tras la tempestad

Muy buenas tardes/noches semi-invernales a todos nuestros queridos seguidores y seguidoras. ¡Ya comienza a notarse, cada vez más, que los días son más cortos, las noches más largas, los días más fríos, las noches más frías todavía, los pájaros cantan, las nubes se levantan…! ¡Huy! Me parece que me he salido un poco de lo que quería decir. ¿Pensaréis, quizá, que estoy de buen humor? ¡Pues pensáis bien! ¿Y a qué creéis que puede deberse mi buen humor? Bien, hagamos un poco de memoria. La horrible semana pasada, recordaréis que fue muy triste. Y es que tuve que contaros la horrorosa desgracia que se cernió sobre nuestros vampirines, desaparecidos por culpa de la horrenda Priscilla von Mollen y presos por órdenes expresas de la susodicha. No puedo contaros mucho acerca de todo lo sucedido, que es muy extenso, y, además, la inefable, única e irrepetible Ludmila von Vampüren quiere que se escriba un libro sobre todo ello, por lo que no puedo desvelar el contenido de ese futuro libro, pero sí puedo deciros que ¡han sido felizmente liberados! El equipo liderado por la tita Carmila y el señor Corzeniovsky, con la inestimable colaboración de las muñecas de Ludmila; Catriona, Edwina, Paulina y Georgina, ha logrado que el triste suceso culmine en un bello final en el que todos los vampirines han recobrado su envidiable libertad.

La verdad es que no tengo palabras para agasajar a todos los participantes en su liberación. Y no puedo olvidar, de manera especial, a la tita Carmila. Valiente, eficaz, amorosa y luchadora, aunque la verdad es que ya tiene experiencia en este tipo de aventuras. En efecto, no es la primera vez que tiene que acudir a liberar a sus queridísimos vampirines, a los que quiere como si todos fueran de su propia familia. Bueno, Devorgila de la Sang, es realmente de su propia familia, pero los demás también le resultan casi igual de entrañables. ¡Ah! ¡La tita Carmila! ¡Cuántas batallas ha librado en su larga vida!

El equipo de vampiros y vampirines ha podido continuar su viaje en China tras el horrible suceso, y ahora vuelven al Tíbet para recuperar algunos objetos con los que los tibetanos propiamente dichos habían agasajado a las muñecas de Ludmila. Es que Ludmila von Vampüren no quería perderse aquello de ser la madre, jefa y señora de todas unas “diosecillas”, claro. Aparte de dejar bien claro el hecho por aquellas latitudes. No fueran a creer que ella era menos que sus adoradas muñecas.

Bueno, estimados lectores, hasta aquí puedo contaros por ahora. La semana que viene seguramente hará más frío, los días serán un poco más oscuros, y los vampiros serán muy felices porque se acerca su estación favorita. Así que ¡os esperamos por aquí! ¡Hasta pronto!